Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—John Biblia cogía recuerdos..., zapatos, prendas de ropa, bolsos. Pero además colocaba una compresa en la axila izquierda de las víctimas. Ya lo ha visto abajo... Lo ha hecho para indicarnos quién había sido.
Grogan negó con la cabeza. Sería difícil que la gente creyera eso. Pero él tenía cosas que enseñarles. En el dormitorio principal no había nada de particular, pero bajo la cama había cajas de revistas y vídeos: porno duro como el que tenía Tony El en la pensión, en inglés y otros idiomas. Rebus se preguntó si no lo habría introducido en Aberdeen una de las bandas norteamericanas.
Llegaron a un dormitorio de invitados cerrado con candado. Lo forzaron y se disiparon todas las dudas de dos miembros del DIC que momentos antes comentaban si no se trataría de una artimaña de Johnny Biblia, que había matado a un inocente para hacerles creer que era el asesino. El cuarto era una prueba indefectible de que Martin Davidson era Johnny Biblia. Parecía una capilla a la memoria de John Biblia y otros asesinos: docenas de álbumes de recortes con artículos, fotos pinchadas cubriendo las paredes, vídeos de documentales sobre asesinos en serie, libros plagados de anotaciones y, en el centro, presidiéndolo todo, una ampliación de una octavilla de John Biblia: un rostro casi sonriente, amable, con la leyenda de «¿Ha visto a este hombre?».
Rebus estuvo a punto de asentir; había algo en el rostro que le resultaba familiar... de algún lugar, no hacía mucho. Sacó del bolsillo la foto de Borneo y miró sucesivamente a Ray Sloane y al cartel de la pared. Se parecían mucho pero no era similitud lo que le inquietaba. Era otra cosa, otra persona...
En ese momento Morton dijo algo desde la puerta y se le fue el santo al cielo.
Siguieron a la patrulla a Queen Street como si ambos formasen parte del equipo. En la comisaría reinaba un júbilo discreto apagado por la conciencia de que andaba suelto otro asesino. Pero finalmente un agente lo expuso sin pelos en la lengua: «Si ha sido ese hijo de puta, tanto mejor».
Lo cual, pensó Rebus, sería lo que esperaba John Biblia. Confiaría en que no le buscaran con mucho esfuerzo. Si había salido de su retiro era exclusivamente con un fin muy concreto: matar al suplantador. Johnny Biblia estaba usurpando a su antecesor la gloria, el mérito. Eso requería venganza.
Rebus se sentó en la oficina del DIC pensativo, mirando al infinito. Le dieron una taza y se la iba a llevar a los labios cuando Morton le detuvo.
—Es whisky —le advirtió.