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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Las reglas anticontaminación no parecían afectar a inspectores y a sus respectivos acólitos: Grogan, de pie en el cuarto de estar con las manos en los bolsillos, miraba la escena: el cadáver de un joven en un sofá de cuero negro. Tenía el pelo rubio apelmazado en una brecha y sangre reseca en la cara y el cuello. Había señales de lucha: la mesita cromada con sobre de vidrio volcada con unas revistas debajo. Le habían tapado el pecho con una chaqueta de cuero negro; un detalle piadoso después del derramamiento de sangre. Rebus se aproximó y vio unas señales en el cuello por debajo de los churretones de sangre. En el suelo, ante el cadáver, había una bolsa grande de ésas para el gimnasio o para un fin de semana. Dentro había una mochila, un zapato, el collar de Angie Riddell... y un trozo de cordel forrado de plástico de los de tender la ropa.

—Creo que podemos descartar el suicidio —musitó Grogan.

—Perdió el conocimiento por efecto del golpe y luego lo estrangularon —aventuró Rebus.

— ¿Cree que es él?

—Esa bolsa no está ahí de adorno. El que lo hizo sabía quién era y ha querido que nosotros nos enteremos.

— ¿Un cómplice? —dijo Grogan—. ¿Un compañero o alguien a quien se confió?

Rebus se encogió de hombros. Miraba fijamente el rostro del cadáver como si hiciera trampa con los ojos cerrados y su quietud. «Todo este viaje por tu culpa, hijo de puta...» Se acercó y levantó la chaqueta unos centímetros para observar con detalle. Martin Davidson, bajo la axila, tenía unas bragas negras y un zapato.

— ¡Oh, Dios! —exclamó volviéndose hacia Grogan y Morton—. Lo ha hecho John Biblia. —Vio la mezcla de incredulidad y horror en sus rostros y levantó la chaqueta un poco más para que vieran el zapato—. No se había marchado. Siempre ha estado aquí —dijo.

El equipo de la policía científica y forense hizo su trabajo fotografiando y filmando en vídeo, y guardando en bolsas de plástico las posibles pruebas. El médico forense examinó el cadáver y autorizó el levantamiento para que lo llevaran al depósito. Afuera estaban los periodistas, mantenidos a distancia por un cordón policial. Una vez que el equipo de la científica hubo finalizado su cometido en el piso de arriba Grogan subió con Rebus y Morton a echar un vistazo. No parecía importarle su presencia y seguramente no le habría importado aunque se hubiera tratado de Jack el Destripador en persona: era él, Grogan, quien saldría por la noche en la televisión, por haber atrapado a Johnny Biblia. Sólo que no lo había atrapado: alguien se les había anticipado.

—Repítame eso —dijo Grogan mientras subían.