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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Un par de coches abandonó la caravana, probablemente para dar un rodeo y llegar a la casa de Davidson por la dirección opuesta, bloqueando su posible huida. Vieron las luces de los coches al frenar y detenerse en una calle. Se abrieron las portezuelas y comenzaron a apearse policías. Breve entrecruce de instrucciones y órdenes de Grogan señalando a izquierda y derecha. Casi todos dirigían sus miradas a una casa con las cortinas de las ventanas echadas.

— ¿Crees que ha huido? —dijo Morton.

—Vamos a ver —dijo Rebus desabrochándose el cinturón de seguridad y abriendo la portezuela.

Grogan enviaba a unos agentes a las casas contiguas, unos para que indagasen y otros para que rodeasen la casa del sospechoso.

—Esperemos que no sea una persecución endemoniada —musitó Grogan.

Vio a Rebus pero sin percatarse del todo de su presencia.

—Los hombres están preparados, señor.

La gente había salido de las casas preguntándose qué sucedía. Rebus oyó a lo lejos la campanilla de un vendedor de helados.

—Unidad de respuesta armada preparada, señor.

—No creo que haga falta.

—Tiene toda la razón, señor.

Grogan estornudó, se pasó un dedo por la nariz y escogió a dos hombres para que le acompañasen a la puerta del sospechoso. Tocó el timbre y todos contuvieron la respiración. Volvió a llamar.

— ¿Qué se ve por atrás?

Respuesta por la radio:

—Están echadas las cortinas y no se oye ningún ruido.

Igual que por delante.

—Que llamen a un juez y pidan una orden de registro.

—Muy bien, señor.

—Y mientras tanto que echen la puñetera puerta abajo.

El oficial asintió con la cabeza, hizo una señal y abrieron el maletero del coche, un auténtico repertorio de herramientas de construcción. Sacaron la maza y con tres golpes estuvo la puerta abierta. Diez segundos después pedían una ambulancia a gritos. Y diez segundos después alguien sugirió que mejor un coche funerario.

Morton era un buen policía: en el maletero de su coche llevaba todo lo necesario para abordar el escenario de un crimen, incluidos chanclos, guantes y toda clase de monos de plástico de esos que te hacen parecer un condón ambulante. Los agentes estaban fuera de la casa para no contaminar el escenario, apiñados en la puerta tratando de ver algo. Cuando Rebus y Morton se abrieron paso nadie se lo impidió, pues los tomaron por miembros de la policía forense y entraron sin problema.