Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Rebus asintió con la cabeza. Aquello era forzar al máximo las pruebas, algo que Lawson Geddes había hecho muchas veces cuando trabajaba con él. Sin saber exactamente por qué, y comprobando antes que Ancram siguiera enfrascado en la lectura de la carta, se guardó la foto en el bolsillo.
—Bien —dijo por fin Ancram—, es evidente que tendremos que hablarlo.
—Evidentemente, señor. Entonces, ¿no hay interrogatorio hoy?
—Sólo un par de preguntas. Primera: ¿qué demonios ha pasado con su nariz y sus dientes?
—Tropecé con un puño. ¿Algo más, señor?
—Sí. ¿Qué demonios ha estado haciendo con Jack?
Rebus se volvió y comprendió por qué Ancram se lo preguntaba: Jack Morton se había quedado dormido en la silla.
—Entonces, es la gran oportunidad —dijo Morton.
Habían ido al bar Oxford por ir a algún sitio. Rebus pidió dos zumos de naranja y se volvió hacia Morton.
— ¿Quieres algo de desayuno? —Morton asintió—. Y cuatro bolsas de patatas del sabor que sea —cantó Rebus a la camarera.
Levantaron los vasos, brindaron y bebieron.
— ¿Te apetece un cigarrillo? —dijo Morton.
—Sería capaz de matar por uno —contestó Rebus riendo.
—Bien —dijo Morton—, ¿qué se ha conseguido?
—Depende —respondió Rebus.
Se había estado preguntando lo mismo. Quizá la brigada de Aberdeen había detenido a los narcotraficantes: Tío Joe, Fuller, Stemmons. O tal vez antes de eso Fuller se había ocupado de Ludovic Lumsden y Hayden Fletcher. Quizás Hayden Fletcher era cliente de Burke's. Allí se había reunido con Tony El, y a lo mejor éste le pasaba talco nasal. Tal vez Fletcher era la clase de tipo que alternaba con gángsteres... Había gente así. Sabiendo que el mayor estaba preocupado y que el problema era Alian Mitchison... no habría sido nada difícil hablar con Tony El, y éste sin duda habría aprovechado la ocasión de ganarse un dinero... A saber si no era el mayor Weir en persona quien había ordenado la muerte de Mitch. En cualquier caso, impune no quedaría; la hija se encargaría de ello. Quizás él, en el último momento, habría quitado la bolsa de la cabeza a la víctima, aconsejándole que se olvidase de T—Bird Oil.
Todo parecía formar parte de un esquema más amplio, en el que los accidentes se sucedían, concatenados. Padres e hijas, padres e hijos, infidelidades, ilusiones que a veces llamamos recuerdos. Antiguos errores enconados o inventados a partir de falsas confesiones. Cadáveres arrumbados hace años y olvidados por todos menos por los asesinos. La historia que se estropea o pierde nitidez como una fotografía antigua. Finales... disparatados. Se muere, se desaparece o se cae en el olvido. Y no queda más que un nombre en el reverso de una foto. A veces ni eso.