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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Morton cogió la carta y pasó las páginas.

—Es interesante lo de las fotos de Borneo. Ancram creía que eran relevantes porque se veía en ellas a Spaven. Y ahora resulta que es por ese tal Sloane al que Geddes seguía la pista. —Morton miró su reloj—. Tenemos que pasar por Fettes a enseñarle esto a Ancram.

Rebus asintió con la cabeza.

—Sí, vamos; pero primero voy a fotocopiarlo. Como tú dices, Jack, quizá no acabe de creérmelo, pero está todo ahí en negro sobre blanco. —Levantó la mirada hacia su amigo—. Suficiente para Justicia en directo.

Ancram estaba a punto de estallar. Su irritación era tal que había estado paseando de arriba abajo por el despacho. Su voz fue como la primera fumarola de un volcán.

— ¿Esto qué es?

Rebus le presentaba una hoja doblada. En el despacho estaban los tres: Ancram sentado y Rebus y Morton de pie.

—Léalo —dijo Rebus.

Ancram se le quedó mirando y desdobló la nota.

—Es la baja —añadió Rebus—. Dos días de dolor de estómago. El doctor Curt fue taxativo y me ordenó estar aislado. Dijo que podía ser contagioso.

Ancram replicó casi en un susurro:

— ¿Desde cuándo los médicos privados dan notas por escrito?

—No ha visto las colas en mi ambulatorio.

Ancram hizo una bola con la nota.

—Tiene fecha y todo —dijo Rebus, que había pasado por la clínica del doctor Curt antes de dirigirse al norte con Eve.

—Cállese, siéntese y escuche mientras le explico que esto es una reprimenda oficial. Y no crea que la cosa va a quedar así.

—Señor, tal vez debiera leer esto primero —dijo Morton entregándole la carta de Geddes.

— ¿De qué se trata?

—Para que la cosa no quede así, señor —añadió Rebus—. Creo que es la madre del cordero. Mientras usted lo asimila quizá yo podría echar un vistazo a los archivos.

— ¿Por qué?

—Por esas fotos de Borneo. Me gustaría darles una ojeada.

Al leer las primeras líneas de la confesión de Geddes, Ancram se quedó de piedra. Rebus habría podido salir del despacho sin que lo advirtiese llevándose los archivadores. Pero no, sacó las fotos del sobre y se puso a examinarlas, leyendo los nombres en el reverso.

En una de ellas, el tercero por la izquierda estaba marcado: recluta Sloane, R. Rebus miró su cara borrosa. Además de haberse mojado, estaba desenfocada. Un joven barbilampiño, con menos de veinte años y sonrisa un poco torcida, quizá por algún defecto en los dientes.

John Biblia tenía un diente torcido, según los testigos.