Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Conocí a Lenny Spaven en la Guardia Escocesa. Siempre se metía en líos, y siempre acababa arrestado o en el calabozo. Además, era un gandul y de ahí que se relacionara con el cura. Spaven iba los domingos a la iglesia (digo «iglesia» cuando en Borneo era en realidad una caseta prefabricada). Supongo que hay muchos lugares que son iglesias a los ojos de Dios. A lo mejor se lo pregunto cuando lo vea. Afuera hace treinta y pico grados y estoy bebiendo whisky escocés, el ardiente usquebaugh. Sabe mejor que nunca.
Rebus sintió el sabor fuerte del agua de fuego en el paladar. Jugarretas de la memoria. A Lawson le gustaba el Cutty Sark.
Spaven ayudaba al cura; ponía los misales en las sillas y al final de la misa los contaba. Tú sabes que en el Ejército hay cabrones que roban misales y de todo. No había muchos feligreses y si la cosa se ponía fea venían algunos más a pedir a Dios que no acabasen tiesos dentro de un ataúd. Bien, como digo, Spaven tenía un chollo. Yo no tenía nada en común con él ni con los beatos.
Bien, hubo un asesinato; cerca del campamento apareció muerta una prostituta y los nativos dijeron que era del kampong y nos echaron la culpa. Hasta los gurkas pensaban que había sido un soldado inglés. Se hizo una investigación civil y militar. Fue muy curioso, figúrate, pasábamos las de Caín matando gente a mansalva —para eso nos pagaban— y de repente se investigaba un asesinato. En fin, no descubrieron al culpable, pero el caso es que a la puta la estrangularon y desapareció una de sus sandalias.
Rebus pasó la página.