Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Tenemos un club precioso —decía Fuller— y todo el mundo se divierte. Puedes preguntar por ahí y verás lo conocido que es. ¿Quién te manda a ti aguar la fiesta?
—No sé.
—Incomodaste a Erik la noche que hablaste con él.
— ¿Está él al corriente de esto?
—Él no va a saber nada de esto. Erik es más feliz sin saberlo. Tiene úlcera, ¿sabes? Es por las preocupaciones.
—No sé por qué.
Rebus le miró a la cara. En cierta manera se parecía a Leonard Cohén de joven, no tanto a Travolta.
—Eres un estorbo, eso es lo que eres. Un estorbo que hay que eliminar.
—No lo entiende, Judd. Esto no es América. No puede hacer desaparecer un cadáver pensando que nadie lo encontrará.
— ¿Por qué no? —replicó separando los brazos—. De Aberdeen zarpan barcos constantemente. Un peso en los pies y al mar del Norte. ¿Sabes lo hambrientos que están allí los peces?
—Lo que sí sé es que se pesca más de lo debido. ¿Quiere que me recoja una red de arrastre?
—Segunda opción —prosiguió Fuller alzando dos dedos—: las montañas. Que te encuentren las putas ovejas y te monden hasta los huesos. Hay muchas opciones; no creas que no las conocemos por experiencia. —Hizo una pausa—. ¿A qué has venido aquí esta noche? ¿Qué pensabas que ibas a hacer?
—No sé.
—Cuando Eve telefoneó... no podía ocultarlo, se le notaba en la voz... Sabía que me estaba jodiendo, incordiándome. Pero la verdad es que yo esperaba algo con más clase.
—Lamento decepcionarle.
—Pero me alegro de que seas tú. Estaba deseando volver a verte.
—Pues aquí me tiene.
— ¿Qué te ha contado Eve?
— ¿Eve? No me ha contado nada.
Un gancho de través lleva su tiempo y Rebus hizo lo que pudo girándose de lado para evitarlo, pero lo recibió en las costillas. A continuación Fuller le dio un puñetazo en la cara moviendo tan despacio la mano que pudo ver la cicatriz del dorso, un costurón feo y largo. Le había partido un diente, uno de los implantados. Lo escupió con sangre sobre Fuller, que retrocedió un paso sorprendido por el resultado.
Rebus sabía que se las ventilaba con alguien a quien cuando menos cabía calificar de imprevisible, la peor clase de psicópata. Sin Stemmons para apaciguarle, Judd Fuller era capaz de todo.
—Lo único que hice —ceceó Rebus— fue negociar. Ella concertó la cita y la dejé marchar.
—Tiene que haberte dicho algo.
—Es dura de pelar. Y de Stanley saqué menos aún.
Trataba de parecer derrotado: cosa fácil. Quería que Fuller entrara en el juego.
— ¿Se han ido los dos juntos? —Fuller casi estallaba de risa—. Tío Joe va a morirse de miedo.
—Por no decir algo peor.