Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Tragaba espuma y agua por la boca y la nariz. Efervescente, así que no era agua. Cerveza. Movió enloquecido la cabeza y abrió los ojos. Sentía la cerveza en el esófago y trató de vomitarla. Había alguien de pie a su espalda, con la botella vacía en la mano. Una risita. Rebus intentó volverse y notó que le ardían los brazos. Fuego de verdad. Olía a whisky y vio en el suelo una botella rota. Le habían bañado los brazos con whisky y habían prendido fuego. Gritó y se retorció. Un toallazo y las llamas se apagaron. La toalla humeante fue a parar al suelo. Se oyó una carcajada estentórea.
Aquello apestaba a alcohol. Era una bodega. Bombillas desnudas y barriles de aluminio, cajas de botellas y vasos. Media docena de pilastras de ladrillo hasta el techo. No estaba atado a una de ellas, sino colgado de un gancho; la cuerda le mordía las muñecas y los brazos iban a descoyuntársele. Apoyó mejor un pie y el que estaba detrás de él tiró la botella de cerveza a un cajón y dio la vuelta para situarse delante. Pelo negro liso con un rizo en la frente y una gran nariz aguileña en un rostro venal. Un diamante brillaba en un diente. Traje oscuro y camiseta. A Rebus no le cupo duda: Judd Fuller. Pero ya era tarde para presentaciones.
—Siento no tener el arte de Tony El con las herramientas eléctricas —dijo el norteamericano—. Se hace lo que se puede.
—A juzgar por mi situación, lo hace muy bien.
—Gracias.
Rebus miró en derredor. Estaban solos en el sótano y nadie había pensado en atarle las piernas. Podía dar una patada en los huevos a Fuller y...
Fue un puñetazo bajo, justo encima de la ingle. Le habría doblado de haber tenido los brazos libres, pero lo único que hizo por instinto fue plegar las rodillas levantando los pies del suelo. A juzgar por las articulaciones del hombro no era el movimiento más acertado.
Fuller se apartó, flexionando los dedos de la mano derecha.
—Bien, poli, ¿qué tal va por ahora? —dijo volviendo junto a él.
—Por mí, podemos cortar si no le importa.
—El único corte te lo vas a llevar tú en el puto cuello.
Se volvió hacia él sonriendo y cogió otra botella de cerveza, la abrió rompiéndola en la pared y se bebió la mitad de un trago.
El olor a alcohol era asfixiante y los pocos tragos que Rebus había bebido comenzaban a hacer su efecto. Le picaban los ojos y la parte de las manos que habían lamido las llamas. Notaba ampollas en las muñecas.