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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Rebus sentía latir su corazón y tuvo que hacer un esfuerzo para no alzar la voz.

— ¿Cuánto tiempo, Jo?

Ella alzó la mirada furiosa.

— ¿Cree que le consentí que me la metiera dos veces? Me largué en cuanto pude. Y no he dejado de correr durante años; pero luego pensé: qué coño, yo no tengo de qué avergonzarme. Yo no tengo nada que ocultar.

Rebus asintió con la cabeza.

—Por eso existía un vínculo entre usted y Mitch.

—Exacto.

— ¿Y le contó a él su historia?

—A cambio de la suya.

— ¿Y le reveló quién era su padre? —Ella comenzó a asentir con la cabeza, pero se detuvo y tragó saliva—. ¿Y chantajeaba a su padre con la historia del... incesto?

—No lo sé. Murió antes de que yo pudiera averiguarlo.

— ¿Pero su intención era hacerlo?

—Supongo —respondió ella encogiéndose de hombros.

—Jo, creo que tendrá que hacer una declaración. No ahora; después. ¿De acuerdo?

—Me lo pensaré. —Tras una pausa añadió—: No se puede demostrar nada, ¿verdad?

—Aún no.

«Quizá nunca», se dijo para sus adentros. Se levantó y Morton siguió su ejemplo.

Afuera había aumentado el jolgorio en torno al fuego. Había velas temblonas dentro de faroles chinos colgados de los árboles. Ahora los rostros parecían como calabazas naranjas. Joanna Bruce les contempló marchar desde la puerta, inclinada sobre la mitad inferior. Rebus se volvió a decirle adiós.

— ¿Va a seguir acampada aquí?

—A saber —respondió ella alzando los hombros.

— ¿Le gusta lo que hace?

Ella reflexionó un instante.

—Es nuestro modo de vida.

Rebus sonrió y siguió caminando.

— ¡Inspector! —Rebus se volvió y vio que el kohl le chorreaba por las mejillas—. ¿Si todo es tan maravilloso por qué la vida es una mierda?

Rebus no supo qué contestar.

—Que el sol no la pille llorando —replicó por decir algo.

Durante el camino de vuelta trató de contestar a la pregunta, pero no pudo. Quizá todo era cuestión de equilibrio, causa y efecto. Donde hay luz tiene que haber oscuridad. Sonaba a sermón. Probó con un mantra de su propia cosecha: SoWhat? [ 20 ] de Miles Davis. Pero no parecía venir muy a cuento.

Nada a cuento.

— ¿Por qué no lo denunció? —preguntó Morton frunciendo el ceño.

—Porque por lo que a ella atañe no tiene nada que ver con nosotros. Ni siquiera tuvo nada que ver con Mitch; para ella fue una simple metedura de pata.

—Más bien parece que le invitaron.

—Más valía que hubiera rehusado.

— ¿Crees que fue obra del mayor Weir?

—No estoy seguro. Ni siquiera sé si importa. No nos lleva a ninguna parte.

— ¿Qué quieres decir?