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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—El mayor se encuentra en ese infierno privado que ella ha construido para los dos. Él sabe que ella está ahí manifestándose contra todo lo que él aprecia... Ese es el castigo y la venganza. Algo a lo que ninguno de los dos puede escapar.

—Padres e hijas, ¿eh?

—Padres e hijas —aceptó Rebus.

Faltas pasadas que difícilmente se olvidan...

Estaban agotados cuando llegaron al hotel.

— ¿Una partida de golf? —dijo Morton.

Rebus se echó a reír.

—Yo de lo único que sería capaz es de un té y unos bocatas.

—Me parece buena idea. Te espero en mi habitación dentro de diez minutos.

Les habían arreglado la habitación y había otra vez chocolatinas en la almohada y un albornoz limpio. Rebus se cambió enseguida y telefoneó a recepción por si había mensajes. No preguntó al llegar, pues no quería que Morton se enterara.

—Sí, señor —trinó la recepcionista—. Tengo uno para usted. —A Rebus le dio un vuelco el corazón: ella no se había largado sin más—. ¿Quiere que se lo lea?

—Sí, por favor.

—Dice: «En Burke's media hora después del cierre. Probé a otra hora, en otro sitio, pero no estaba». Sin firma.

—Es igual. Gracias.

—A usted, señor.

Sí, claro: el negocio es el negocio. Todo el mundo te hace la rosca si eres de una empresa. Pidió línea y llamó a casa de Siobhan, pero respondió el contestador. Probó en St. Leonard y le dijeron que no estaba. Volvió a llamar a su casa y esta vez decidió dejar en el contestador el número de teléfono. Antes de terminar ella descolgó.

— ¿Para qué pones el contestador si estás en casa?

—Digamos que es un filtro —respondió ella—. Así controlo si es un maniático.

—Yo no soy de ésos. Cuenta.

—Primera víctima. Hablé con alguien en la Robert Gordon. La difunta estudió geología, con prácticas en el mar. Los que estudian geología en ese centro consiguen casi siempre empleo en la industria del petróleo, todo el programa está orientado en ese sentido. Como realizó actividades en el mar, hizo un cursillo de supervivencia.

Rebus pensaba: simulador de helicóptero, zambullida en una piscina.

—Así que estuvo yendo al CSM —añadió Siobhan.

—El Centro de Supervivencia en el Mar.

—A donde sólo van los que trabajan en el petróleo. Les he pedido por fax la plantilla de profesores y de alumnos. Eso en cuanto a la primera víctima. —Hizo una pausa—. Lo de la segunda víctima cambia totalmente: era mayor, tenía otro tipo de amistades y vivía en otra ciudad. Pero era prostituta, y ya sabemos que muchos hombres de negocios utilizan sus servicios cuando están fuera de viaje.

—No lo sabía.