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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Mire, por lo que veo... a usted no le importa atormentar a su padre... y cuanto más público haya mejor. Dirige las manifestaciones, se las arregla para salir en la tele... mientras que si divulgara quién es sería más eficaz. ¿A qué viene tanto secreto?

Su rostro recobró la expresión infantil, siguió mordiéndose las uñas; las rodillas juntas. La trencita le caía entre los ojos como si quisiera resguardarse tras ella y llamar la atención al mismo tiempo... Un juego pueril.

— ¿A qué viene tanto secreto? —repitió Rebus—. A mí me parece que es precisamente porque se trata de algo personal entre usted y su padre, algo parecido a un juego privado. Le gusta la idea de torturarle y causarle preocupación por el temor de que vaya a hablar. —Hizo una pausa—. Yo creo que manipuló a Mitch.

— ¡No!

—Le utilizó para llegar hasta su padre.

— ¡No!

—Lo que significa que él tenía algo que le pareció útil. ¿Qué podría ser?

— ¡Fuera de aquí! —exclamó ella levantándose.

—Algo que les unía a los dos.

Ella se tapó las orejas con las manos y sacudió la cabeza.

—Algo de su pasado..., de la infancia de ambos. Algo como un juramento de sangre. ¿Hasta dónde llegaron, Jo? Entre usted y su padre... ¿hasta dónde se remonta el pasado?

Ella rodeó la mesa y le dio una fuerte bofetada. Rebus no demostró que le había dolido.

—Vaya con la pacifista —dijo restregándose la mejilla.

Ella volvió a sentarse sobre el montón de revistas y se pasó la mano por la cabeza retorciendo nerviosa una trencita.

—Tiene razón —dijo en voz tan baja que Rebus apenas la oyó.

— ¿Sobre Mitch?

—Sobre Mitch —contestó, propiciando al fin su recuerdo y asumiendo la pena. A sus espaldas la luz arrancaba destellos de las fotos—. Era muy nervioso cuando nos conocimos. Nadie se acababa de creer que saliéramos juntos. Como el día y la noche, decían. Pero se equivocaban. Tardó bastante, pero una noche se abrió a mí. —Alzó la mirada—. ¿Conoce su infancia?

—Huérfano —dijo Rebus.

Ella asintió con la cabeza.

—Y el internado. —Hizo una pausa—. Lo violaron. Me dijo que a veces había pensado en confesarlo, decírselo a la gente, pero que al cabo de tanto tiempo... no sabía si iba a servir de algo. —Sacudió la cabeza con los ojos llorosos—. Era la persona menos egoísta que he conocido. Pero estaba amargado, y, Dios, yo sé muy bien lo que es sentir eso.

Rebus comprendió lo que insinuaba.

— ¿Su padre?

Ella lanzó un bufido.

—Dicen de él que es «una institución» en la industria del petróleo. Yo sí que estuve en una institución... internada... —Suspiró hondo sin fingimientos—. Y violada.

—Cielo santo —musitó Morton.