Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Los colonizadores. Cientos dé años antes de Cristo. —Detrás del fuerte había un recinto con muros bajos—. Eso era el Haa; ahora está en ruinas.
— ¿Y dónde está Jake?
—Pues dentro del fuerte —contestó ella.
Munroe los dejó en tierra y dijo que daría una vuelta a la isla y los recogería una hora más tarde. Briony cogió la bolsa de provisiones y se encaminó decidida hacia el fuerte, bajo la mirada de las ovejas que rumiaban morosamente y de unas aves remisas a apartarse a su paso.
—Vives toda tu vida en el campo —iba diciendo Morton con la capucha del impermeable puesta para resguardarse del viento— sin imaginar que haya cosas como ésta.
Rebus asintió con la cabeza. Era un lugar increíble. La sensación de pisar aquella hierba no era igual que caminar por el césped o por el campo: parecía como si uno fuese el primer ser vivo que ponía el pie allí. Siguieron a Briony por un pasadizo hasta el corazón del fuerte, a cubierto del viento pero sin un techo para la amenazante lluvia. La hora que les había concedido Munroe era improrrogable, pues más tarde la travesía podía ser movida, si no peligrosa.
La tienda individual de nailon azul era como una incongruencia en el centro del fuerte. De ella salió un hombre que abrazó a Briony. Rebus esperó un instante mientras ella le daba la bolsa con las provisiones.
—Dios mío, qué cantidad de comida —exclamó Jake Harley.
No le sorprendió ver a Rebus.
—Me imaginé que Briony cedería a la presión —comentó.
—No es cuestión de presión, señor Harley. Simplemente está preocupada por usted. Yo también lo he estado... pensando que habría tenido un accidente. . Harley sonrió débilmente.
—No se refiere a un auténtico accidente, ¿verdad?
Rebus asintió con la cabeza. Miraba a Harley tratando de imaginárselo como «el señor H», la persona que había dado la orden de matar a Alian Mitchison. No, ni mucho menos.
—No le reprocho que se haya escondido —dijo Rebus—. Es muy probable que haya sido lo más conveniente.
—Pobre Mitch.
Harley dirigió la vista al suelo. Era alto, fornido, de pelo negro corto, con entradas, y gafas de montura metálica. Su rostro conservaba algo de inocencia, pero necesitaba urgentemente un afeitado y un baño. Los faldones de la tienda estaban abiertos y se veía una esterilla con un saco de dormir encima, una radio y varios libros. Y, apoyado en el muro del fuerte, una mochila junto a un hornillo de camping y una bolsa de basura.
— ¿Podemos hablar? —dijo Rebus.
Jake Harley asintió con la cabeza. Vio que Jack Morton estaba más interesado en el fuerte que en la conversación.
— ¿A que es fantástico? —le dijo.
—Ya lo creo —contestó Morton—. ¿Tenía tejado?