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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Entraron en una pieza bastante grande que parecía cocina y cuarto de estar. Una mesa de madera llenaba casi todo el espacio y junto a la chimenea había dos sillones. Un hombre se levantó de uno de ellos quitándose las gafas de leer. Las plegó y se las guardó en el bolsillo del chaleco. El libro que leía quedó en el suelo: una Biblia de tamaño familiar con pastas de cuero y cierre de latón.

—Vaya, vaya, Briony —dijo el hombre.

Era de mediana edad o algo mayor, pero su rostro curtido parecía el de un anciano. Tenía el pelo plateado. La mujer fue al fregadero a llenar la tetera.

—No, señora Munroe, gracias —dijo Briony volviéndose hacia el hombre—. Scott, ¿ha visto a Jake?

—Hace un par de días que estuve allí y estaba bien.

— ¿Podría llevarnos?

Scott Munroe miró a Rebus y éste le tendió la mano.

—Inspector de policía Rebus, señor Munroe. Aquí el inspector Morton.

Munroe les estrechó la mano sin gran entusiasmo.

—Bueno, ha disminuido algo el viento —dijo el hombre restregándose la barba gris del mentón—. Supongo que sí. Meg —añadió y se volvió hacia su mujer—, ¿preparas algo de pan y jamón para el muchacho?

La señora Munroe asintió sin decir nada y se puso manos a la obra mientras el marido hacía los preparativos. Cuando volvió con impermeables para todos y botas de agua para él, la mujer ya tenía listo un paquete con bocadillos y un termo de té. Rebus lo miró, consciente de que Morton hacía lo mismo. Los dos deseaban una taza.

Pero no tenían tiempo y se pusieron en marcha.

La barca era pequeña y estaba recién pintada, con motor fuera borda. Rebus se había estado preguntando si tendrían que remar.

—Hay un muelle —dijo Briony ya de camino, zarandeados por el mar picado— para el ferry que lleva a los turistas. No se tarda mucho.

—Vaya lugar tan inhóspito que ha elegido —gritó Rebus por encima del viento.

—No tanto —replicó ella con un esbozo de sonrisa.

— ¿Qué es eso? —preguntó Morton señalando hacia un promontorio.

Estaba en un saliente cerca de unas rocas que descendían hasta el agua: una estructura extraña en torno a la cual pastaban las ovejas. A Rebus le parecía una especie de castillo de arena gigantesco o un tiesto boca abajo, y a medida que se aproximaban juzgó que tendría unos trece o quizá diecisiete metros de diámetro en la base y que estaba construido con grandes piedras planas; miles de piedras.

—El Mousa Broch —dijo Briony.

— ¿Y eso qué es?

—Una especie de fuerte. Vivían allí, era fácil de defender.

— ¿Quiénes?

Ella se encogió de hombros.