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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Ella se encogió de hombros. Tenía el cabello negro corto y liso con puntas rizadas. Un peinado que le hacía parecer unos seis años más joven, una quinceañera, pese a su rostro de adulta, algo duro, ya fuese por el clima o por las circunstancias. Resultaba difícil saberlo. Los ojos eran pequeños, igual que la nariz y la boca. Rebus intentó no compararla con un hámster, pero en ese momento ella arrugó la nariz y no pudo evitarlo.

—Él va a su aire —dijo.

—Pero la semana pasada estaba preocupada.

— ¿Yo?

—Pude advertirlo antes de que me cerrara la puerta.

— ¿Y qué? —replicó ella cruzándose de brazos.

—Una de dos, Briony: o Jake está escondido porque teme por su vida...

— ¿O?

—O ya está muerto. En cualquier caso, usted puede ayudarnos.

—Mitch... —balbució ella tragando saliva.

— ¿Le ha dicho Jake por qué han matado a Mitch?

Ella negó con la cabeza. Rebus sonrió: así que Jake se había puesto en contacto con ella desde la última vez.

—Está vivo, ¿verdad?

Ella se mordió el labio y asintió.

—Quisiera hablar con él. Probablemente podría sacarle del lío en que se encuentra.

Ella le miró intentando desentrañar la verdad, pero Rebus ponía cara de palo.

— ¿Está en apuros? —preguntó.

—Sí, pero no por nosotros.

Ella se volvió a mirar la piscina y vio que todo estaba en orden.

—Les llevaré a donde está —dijo.

Regresaron por el páramo hasta Lerwick para dirigirse a un lugar llamado Sandwick en la costa este, quince kilómetros al norte de donde había aterrizado el helicóptero.

Briony fue en silencio durante todo el camino y Rebus pensó que no debía de saber mucho del asunto. Sandwick era una zona en la que había antiguos poblados de la época del auge del petróleo. La joven les llevó a Leebotten, un enclave con casitas frente al mar.

— ¿Está aquí? —preguntó Rebus al bajarse del coche.

Ella negó con la cabeza y señaló hacia el mar. Se veía una islita en apariencia deshabitada. Acantilados y escollos. Rebus miró inquisitivo a Briony.

—Mousa —dijo ella.

— ¿Y cómo se llega allí?

—En barca, suponiendo que haya alguien que se preste a llevarnos.

Ella misma llamó a la puerta de una casita que abrió una mujer de mediana edad.

—Briony —dijo la mujer, más como constatación que como saludo.

—Buenas, señora Munroe. ¿Está Scott?

—Sí. —Abrió un poco más la puerta—. Pasen, por favor.