Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Soy un caballero, ¿no recuerda? Lo dijo usted en el bar.
Ella volvía a sonreír y apartó la vista. Parecía un gato: la misma moral y el mismo instinto. Acabó asintiendo con la cabeza.
Un cuarto de hora después llegaba Malcolm Toal a la comisaría; Rebus le dejó a solas con Eve en la sala de interrogatorios. Por la tarde, la comisaría estaba tranquila; todavía era pronto para las pendencias de pubs, peleas con navaja y malos tratos antes de acostarse. Morton le preguntó a Rebus cómo pensaba enfocarlo.
—Tú simplemente escuchas sentado lo que yo diga, como si estuvieras oyendo un sermón. Con eso me basta.
— ¿Y si Stanley intenta algo?
—Podemos controlarlo.
Le había dicho a Eve que averiguase si Stanley llevaba algún arma y que si era el caso, la dejara encima de la mesa para cuando ellos volvieran. Fue otra vez a los servicios sólo para sosegar su respiración y mirarse en el espejo. Procuraba relajar los músculos maxilares. En otras ocasiones ya habría echado mano a la petaca de whisky. Pero ahora iba a pelo; por una vez se enfrentaba a la realidad.
De nuevo en la «galletera», Malky le miró con ojos como rayos, prueba de que Eve le había explicado el asunto. En la mesa había dos cuchillos Stanley. Rebus hizo una inclinación de cabeza, satisfecho. Morton preparaba la grabadora y rompía el envoltorio de un par de cintas.
— ¿Le ha explicado la señorita Cudden la situación, señor Toal? —Malky asintió con la cabeza—. No me interesa lo de ustedes dos; me interesa todo lo demás. Han patinado, pero aún pueden salirse con la suya tal como habían planeado.
Rebus procuraba no mirar a Eve, quien dirigía los ojos a todas partes menos a su enamorado Stanley. Joder, qué dura. A Rebus casi comenzaba a gustarle; casi le gustaba más ahora que aquella noche en el bar. Morton hizo un gesto indicando que la grabadora estaba en marcha.
—Bien, ahora estamos grabando y quiero que quede claro que es por mi propia garantía y que no lo utilizaremos contra ustedes en ningún caso, a condición de que después se esfumen. Digan sus respectivos nombres.
Lo hicieron y Morton ajustó el volumen de la grabación.
—Soy el inspector Rebus y me acompaña el inspector Jack Morton. —Hizo una pausa y acercó la tercera silla a la mesa para sentarse; Eve estaba a su izquierda y Toal a la derecha—. Empecemos por aquella noche en el bar del hotel, señorita Cudden. No creo mucho en las coincidencias.
Eve parpadeó. Esperaba que las preguntas se refiriesen sólo a Stanley. Ahora comprendía que Rebus quería una garantía total.
—No fue casual —dijo, y fue a echar mano a otro Sobranie.