Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Haciendo caso omiso de Morton, ella encendió un cigarrillo. No había ceniceros a la vista y Rebus situó una papelera a su lado, aspirando el humo al mismo tiempo que ella. Un humo espléndido. Casi le colocó de inmediato.
—Sí —contestó volviendo a apoyarse en la mesa. Habían situado la silla de Eve en el centro y quedaba flanqueada por Rebus a un lado y Morton al otro. Ella no parecía incómoda—. No veo a Tío Joe como el malo que abre cuentas bancarias. Vamos, que si no confía en los bancos de Glasgow, menos en los de Aberdeen. Sin embargo, ustedes van allí, Malky y usted, a ingresar fajos de billetes en diversas cuentas. Tengo fechas, horas y cantidades. —Exageraba, pero sabía que podía improvisar—. Tengo el testimonio de los empleados de hotel, incluidas las camareras que nunca tenían que arreglar la habitación de Malky. Y eso que, curiosamente, no me parece un ejemplo de orden.
Eve echó humo por la nariz y sonrió.
—Vale —dijo.
—Bien —siguió Rebus para borrar su confiada sonrisa—, ¿qué diría Tío Joe de todo esto? Me refiero a que Malky es su propia sangre, pero usted no, Eve. Yo diría que de usted puede prescindir. —Hizo una pausa—. Y yo diría que usted lo sabe hace tiempo.
— ¿Con lo que quiere decir...?
—Quiero decir que no preveo a usted y a Malky un gran futuro juntos. Es demasiado burdo para usted y nunca llegará a ser lo bastante rico para compensarlo. Comprendo lo que él ve en usted, porque usted es una seductora de primera.
—No tan de primera —replicó ella buscando su mirada.
—Lo bastante. Lo bastante para enganchar a Malky. Lo bastante para inducirle a sisar del dinero de Aberdeen. Vamos a ver: el tema sería que ustedes dos pensaban largarse juntos cuando tuvieran bien cubierto el riñón, ¿no?
—No sé si yo lo habría expuesto tan claro.
Sus ojos calculadores eran ranuras, ya no sonreía. Rebus iba a negociar y por eso había accedido a venir. Reflexionaba en qué podía beneficiarse.
—Pero ése no era el plan, ¿verdad? Aquí, entre nosotros, usted planeaba largarse sola.
— ¿Ah, sí?
—Estoy seguro. —Se levantó y se acercó a ella—. Eve, yo no voy a por usted. Y puta suerte que tiene, mire. Coja el dinero y lárguese. —En tono más bajo—: Pero quiero a Malky. Lo quiero por lo de Tony El. Y quiero que conteste a ciertas preguntas. Cuando venga, usted le habla y le persuade para que colabore. Después haremos un interrogatorio grabado. —Ella abrió los ojos intrigada—. Lo hago como garantía para mí por si usted no se larga.
—Pero ¿qué busca en realidad?
—Cargarme a Malky, y a Tío Joe de paso.
— ¿Y yo de rositas?
—Lo prometo.
— ¿Y cómo sé que puedo confiar en usted?