Back Black & Blue
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Pero se le cayó el paquete y Toal lo recogió, le encendió un cigarrillo y se lo pasó. Ella hizo ademán de rehusarlo, o tal vez deseaba que Rebus lo pensase. Pero éste miraba a Toal, sorprendido por el gesto. Había un afecto inesperado en el «loco Malky», auténtico gozo por estar junto a su amada, aun en aquella situación. Parecía muy distinto del quejica enfurecido que Rebus había conocido en la Ponderosa: ahora era más joven, parecía encandilado y tenía los ojos muy abiertos. Resultaba difícil pensar que pudiese matar a sangre fría... aunque no imposible. Vestía tan mal como la otra vez: pantalones de chándal y chaqueta de cuero color naranja con camisa estampada azul y mocasines negros muy usados. Movía la boca como si mascara un hipotético chicle y estaba recostado en la silla, con las piernas separadas y las manos apoyadas en los muslos junto a la entrepierna.

—En cierto modo lo planeamos —siguió Eve—. Yo pensé que había probabilidades de que pasara por el bar antes de acostarse.

— ¿Y por qué?

—Dicen que le gusta beber.

— ¿Quién lo dice?

Ella se encogió de hombros.

— ¿Cómo sabía en qué hotel me alojaba?

—Me lo dijeron.

— ¿Quién?

—Los yanquis.

—Diga sus nombres.

«Así, según las reglas, John.»

—Judd Fuller y Erik Stemmons.

— ¿Se lo dijeron los dos?

—Stemmons en concreto. Ese cobarde —contestó ella sonriendo.

—Continúe.

—Debió de pensar que era preferible que nosotros le ganásemos que dejarle en manos de Fuller.

— ¿Porque Fuller me habría tratado con menos miramientos?

Ella negó con la cabeza.

—Pensaba en su propio interés. Si nosotros nos encargábamos de usted, ellos quedaban al margen. Judd es difícil de controlar a veces. —Un bufido de Toal—. Y Erik prefiere que no se exalte.

Probablemente Stemmons había frenado a Fuller y por sus matones se habían contentado con aquel culatazo en el parque que lo puso fuera de juego. Una tarjeta amarilla. Pero se le antojaba que Fuller no iba a enseñarle otra. Tenía ganas de preguntarle más, saber hasta dónde habría llegado ella para descubrir lo que él sabía... Pero pensó que un interrogatorio sobre eso desquiciaría a Malky.

— ¿Quién les dijo a los yanquis dónde me alojaba yo?

Sabía la respuesta —Ludovic Lumsden—, pero quería intentar grabarlo. Eve se encogió de hombros y Toal negó con la cabeza.

—Dígame qué hacía en Aberdeen —le preguntó Rebus.

Eve se concentró en el cigarrillo y Toal carraspeó.

—Trabajaba para mi padre.

— ¿En qué concretamente?

—Ventas y cosas así.

— ¿Ventas?

—Droga... Speed, caballo, de todo un poco.

—Lo dice muy tranquilo, señor Toal.