Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Lumsden le había alojado en un hotel de postín, pensando probablemente que el DIC no se enteraría. Lumsden, intentando congraciarse, diciéndole que eran iguales, y presumiendo ante él de ser importante en la ciudad: comida y bebida gratis, entrada libre en Burke's. Le había estado observando, por si estaba predispuesto al soborno. Pero ¿quién se lo habría pedido? ¿Los dueños del club? ¿El propio Tío Joe...?
Más fotos. No parecían acabarse. Eran los espontáneos los que interesaban a Rebus, los desconocidos que habían quedado retratados para la posteridad. Una mujer con zapatos de tacón, y buenas piernas; de hecho, sólo se veían tacones y piernas porque el resto lo tapaba un policía que participaba en la reconstrucción. Agentes de uniforme buscando en los patios traseros de Mackeith Street el bolso de la víctima. Parecía una zona bombardeada con los tendederos de secar la ropa asomando entre la hierba rala y la basura. Coches en las calles: Zephyr, Hillman y Zodiac. De hacía un siglo. En una caja había un rollo de carteles con la goma elástica podrida. Fotos robot de John Biblia con diversas descripciones: «Habla con acento culto de Glasgow y anda erguido». Muy útil. El número de teléfono del cuartel general de la investigación. Se recibieron miles de llamadas; había cajas llenas, con un resumen de cada una y un seguimiento más detallado cuando habían juzgado que merecía la pena indagar.
Recorrió con la vista el resto de las cajas. Eligió una al azar; una grande y plana de cartón que guardaba periódicos de la época, intactos durante veinticinco años. Miró las primeras planas y les dio la vuelta para echar una ojeada a los deportes. Algunos crucigramas estaban a medio hacer; probablemente algún agente aburrido. Unas tiras de papel grapado a guisa de banderitas señalaban el número de página en que había noticias sobre John Biblia. Pero él no buscaba nada allí. Lo que hacía era mirar otras noticias y sonreír al leer ciertos anuncios. Algunos eran burdos según el canon actual, pero otros no habían envejecido. En la sección de artículos de segunda mano la gente vendía cortacéspedes, lavadoras y tocadiscos a precios de saldo. Advirtió el mismo anuncio en un par de periódicos, encuadrado como algo oficial: «Encuentre una nueva vida y un nuevo empleo en América. Infórmese en Booklet». Había que enviar un par de sellos a una dirección de Manchester. Rebus se recostó en la silla, pensando si John Biblia se habría marchado tan lejos.