Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—A lo mejor piensan que no puede.
— ¿Qué quiere decir?
—A lo mejor piensan que son más fuertes que él. A lo mejor piensan que en un enfrentamiento los matones cambiarían de bando. Actualmente de quien todos tienen miedo es de Stanley; lo dijo usted mismo. Y más ahora que ha muerto Tony El.
—Tony era cosa del pasado, de todos modos.
—No estoy seguro.
—Explíquese.
Rebus negó con la cabeza.
—Primero tengo que hablar con un par de personas. ¿Sabe si Stanley y Eve han trabajado juntos antes?
—No.
—Luego esa excursión a Aberdeen...
—Yo diría que es algo nuevo.
—En el hotel dicen que hace seis meses que se alojan allí.
—Entonces la cuestión es: ¿qué se trae Tío Joe entre manos?
Rebus sonrió.
—Creo que usted sabe la respuesta: drogas. Ha perdido el mercado de Glasgow que ya estaba repartido. Así que o lucha por una tajada, o se lo monta en otro sitio. El Burke's recibiría la mercancía y la vendería, sobre todo si tienen a alguien del DIC en el bolsillo. Aberdeen es un buen mercado, no tanto como hace quince o veinte años, pero sigue siendo un mercado.
—Entonces, vamos a ver, ¿qué va usted a hacer que no podamos hacer nosotros ?
—Es que aún no sé si usted habla con franqueza. Quiero decir que a lo mejor está indeciso.
Ancram esbozó una amplia sonrisa.
—Yo podría decir lo mismo de usted en el caso Spaven.
—Es probable.
—No estaré satisfecho hasta que lo sepa. Creo que eso nos iguala.
—Mire, Ancram, fuimos a aquel garaje y la bolsa estaba dentro. ¿Importa el modo como entramos nosotros?
—Pudieron ponerla allí.
—Que yo sepa, no.
— ¿Geddes nunca le hizo una confidencia?
Rebus se puso en pie.
—Estaré fuera un día o dos. ¿De acuerdo?
—De acuerdo, nada. Le espero mañana aquí, a la misma hora.
—Por Dios bendito...
—O rebobinamos ahora mismo la grabadora y me dice lo que sepa. Así tendrá todo el tiempo que quiera. Y, además, creo que será un desahogo para usted.
—Nunca he necesitado desahogarme. El problema es respirar el mismo aire de gente como usted.
—Ya le he dicho que la policía de Strathclyde y la Brigada de Narcotráfico están planeando una operación...
—Que quedará en nada, porque como sabemos Tío Joe tiene en el bolsillo a la mitad de la policía de Glasgow.
—No soy yo quien va a verle a su casa con una carta de presentación de un tal Morris Cafferty.
Rebus sintió una opresión en el pecho. «Un infarto», pensó. Pero era simplemente Jack Morton que le sujetaba para que no se abalanzara sobre Ancram.
—Hasta mañana por la mañana, caballeros —dijo Ancram Como si no hubiese pasado nada.
—Sí, señor —dijo Morton sacando a Rebus a empujones del despacho.