Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Quería hacerme unas preguntas. —Hizo una pausa—. Sobre usted. Y sobre el papel que el inspector Morton desempeña actualmente en su vida.
—Calumnias, señor. Jack y yo sólo somos buenos amigos.
Ancram plantó las manos en la mesa.
—Creí que habíamos llegado a un acuerdo.
—Pues no recuerdo.
—Bien, esperemos que su memoria a largo plazo no le falle tanto. —Abrió un archivador—. Porque ahora es cuando empieza lo divertido.
Hizo un gesto con la cabeza para indicar al sumiso Morton que pusiera en marcha la grabadora, tras lo cual empezó otra vez la rutina de fecha, hora y testigos... Rebus estaba a punto de explotar. Sentía que si continuaba sentado allí un segundo más se le saldrían los ojos de las órbitas como en esas gafas de broma. Había notado lo mismo antes de un ataque de pánico, pero ahora no se trataba de miedo, sino que no aguantaba más. Se puso en pie y Ancram enmudeció a media frase.
— ¿Sucede algo, inspector?
—Mire —contestó Rebus pasándose la mano por la frente—, hoy no puedo pensar con claridad... sobre Spaven. Imposible.
—Soy yo quien decide; no usted. Si se siente mal, podemos llamar a un médico, pero si no...
—No es que esté enfermo. Es simplemente...
—Pues siéntese. —Rebus se sentó y Ancram volvió a mirar sus notas—. Bien, inspector, en la noche de autos dice en su informe que estaba en casa del inspector Geddes y allí se recibió una llamada telefónica.
—Sí.
— ¿Usted no oyó realmente la conversación?
—No.
La de las trencitas y Mitchison... Mitch el organizador, el ecologista. Mitch trabajador del petróleo. Asesinado por Tony El, matón a sueldo de Tío Joe. Eve y Stanley en Aberdeen, en la misma habitación...
— ¿Y el inspector Geddes le dijo que era sobre Spaven? ¿Una confidencia?
—Sí.
El Burke's, local frecuentado por policías. Hayden Fletcher, allí. Ludovic Lumsden, allí. Michelle Strachan conoce a Johnny Biblia allí...
— ¿Y Geddes no le dijo quién le había llamado?
—Sí. —Ancram alzó la vista y Rebus se percató de su error—. No, quería decir no.
— ¿No?
—No.
Ancram se le quedó mirando, lanzó un bufido y volvió a concentrarse en sus notas. Tenía montones de páginas esencialmente preparadas para la sesión: preguntas, «hechos» comprobados dos veces y todo el caso despiezado y reconstruido.
—Que yo sepa, las delaciones anónimas son muy poco frecuentes —dijo.
—Sí.
—Y suelen dirigirse a la comisaría. ¿Está de acuerdo?
—Sí, señor.
¿Era entonces Aberdeen la clave o había que encontrarla más al norte? ¿Qué tenía que ver en todo aquello Jake Harley? Y a Mike Sutcliffe —el de la pelliza—, ¿no le había dado el toque el mayor Weir? ¿Qué había dicho Sutcliffe? En el avión había comenzado a contar algo... pero de pronto se calló. Algo sobre un barco...