Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
En realidad no los consideraba adversarios. El piso de Rebus no había dado para gran cosa, pero le había revelado que el interés de Rebus por John Biblia estaba relacionado con el Advenedizo. Y eso lo explicaba en parte. No pudo permanecer en el piso tanto tiempo como le habría gustado, pues, como no había logrado abrir con ganzúa, se vio obligado a apalancar la puerta. Y temía que algún vecino advirtiera su presencia. El piso le había servido para revelarle datos sobre el policía; ahora era como si le conociera: sentía hasta cierto punto la soledad de la vida de aquel policía, los espacios en que faltaban sentimientos, cariño y amor. Había música y libros, pero ni muchos ni buenos. La ropa era práctica; chaquetas muy parecidas. Ningún zapato. Eso sí que le parecía raro. ¿No tendría más que un solo par?
En la cocina no había utensilios ni provisiones. Y el baño necesitaba una remodelación.
Pero al volver a la cocina se encontró una sorpresa. Periódicos y recortes de prensa escondidos precipitadamente y fáciles de hallar. John Biblia y Johnny Biblia. Prueba de que Rebus se había tomado ciertas molestias; los periódicos de la época debía de haberlos comprado a un librero de viejo. Aquello era como una investigación dentro de la investigación oficial. Lo que a ojos de John Biblia hacía a Rebus más interesante.
En el dormitorio sólo halló papeles. Cajas con correspondencia antigua, estadillos del banco y algunas fotos; suficientes para comprobar que Rebus había estado casado y tenía una hija. Nada reciente; ni fotos de la hija ya crecida ni de nada.
Pero del objeto por el que había entrado allí..., su tarjeta de visita... ni rastro. Lo que significaba que o Rebus la había tirado o que aún la llevaba consigo en el bolsillo de la chaqueta o en la cartera.
En el cuarto de estar anotó el número de teléfono y cerró los ojos para asegurarse de que recordaría de memoria la distribución del piso. Era fácil. Podría volver de noche y caminar por allí sin tropiezos. Podría cazar a John Rebus cuando quisiera. En cualquier momento.