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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Uno: el mayor Weir no tenía esa graduación militar. Era un apodo de su época de adolescente. Dos: sus padres le habían inculcado el ansia de independencia nacionalista. Había mucha información sobre sus primeros años en la industria, después en la industria del petróleo, unos informes sobre el fallecimiento de Thom Bird; pero nada sospechoso. Un periodista de Estados Unidos había empezado a escribir una biografía no autorizada de Weir, que dejó sin acabar, y se rumoreaba que le habían pagado para que no siguiera. Un par de historias no verificadas: Weir había abandonado a su esposa, entre grandes disputas y finalmente con una sustanciosa pensión alimentaría. Y algo sobre el hijo de Weir; fallecido o desheredado. O quizás en algún santuario hindú, alimentando a africanos hambrientos, o quién sabe si empleado en una hamburguesería o especulando con valores bursátiles en Wall Street. Pasó la página, pero no había más. La historia se había cortado en una frase. Se bajó del coche y se acercó a donde estaban Mairie y Morton charlando muy juntitos.

—Falta algo —dijo enarbolando las hojas.

—Ah, sí. —Mairie se metió la mano en el bolsillo y sacó una sola hoja doblada, que le entregó. Rebus se la quedó mirando esperando una explicación—. Era una broma —añadió ella encogiéndose de hombros.

Morton se echó a reír.

Rebus se puso a leerla a la luz de los faros. Se quedó boquiabierto de la sorpresa. La releyó tres veces, llevándose la mano a la cabeza para sujetársela.

— ¿Te encuentras bien? —comentó Mairie.

Él se la quedó mirando un instante sin verla y a continuación la atrajo hacia sí y le dio un beso en la mejilla.

—Mairie, eres única.

Ella se volvió hacia Jack Morton.

—Yo lo ratifico —añadió éste.

Sentado en el coche, John Biblia vio a Rebus y a su amigo en Arden Street. Su trabajo le había obligado a quedarse un día más en Edimburgo. Era frustrante, pero al menos había podido ver una vez más al policía. De lejos era difícil asegurarlo, pero parecía que Rebus tenía contusiones en la cara, y su atuendo no parecía muy cuidado. No podía evitarlo: a John Biblia le decepcionaba un poco; esperaba un adversario algo mejor. Aquel hombre parecía estar hecho polvo.