Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Cuando llegaron Mairie ya estaba aguardándoles. Hacía años que Morton no iba; a Arthur's Seat, así que habían entrado por la ruta turística, aunque poco había que ver de noche. La silueta de la montaña, cuyo parecido a un elefante tumbado captaban hasta los niños, era un buen sitio para distraerse. Pero de noche estaba poco iluminado y muy apartado. Edimburgo tenía muchos lugares espléndidos como aquél. Eran sitios elegantes e íntimos hasta que te tropezabas con un heroinómano, un atracador, un violador o un gay al acecho.
Duddingston Village era un pueblo en medio de una ciudad, en la falda de Arthur's Seat. El lago de Duddingston —más bien un estanque grande— dominaba una reserva de pájaros y un sendero llamado la Vía de los Inocentes. Rebus no entendía de dónde provenía aquel nombre.
Morton detuvo el vehículo y apagó y encendió los faros. Mairie apagó los suyos, abrió la portezuela y llegó hasta ellos a grandes zancadas. Rebus se inclinó hacia atrás para abrirle la portezuela y presentó a Jack Morton.
—Ah, usted trabajó con John en el caso Knots and Crosses —comentó ella.
— ¿Cómo sabes eso, si aún no eras del oficio? —dijo Rebus perplejo.
—Me he documentado —respondió ella con un guiño.
¿Qué más sabría aquella mujer? Pero no tenía tiempo para especular. Ella le entregó un sobre marrón tamaño folio.
—El correo electrónico es una bendición. Me puse en contacto con el Washington Post y de ahí he sacado casi todo lo que hay.
Rebus encendió la luz interior. Había además una lamparita especial para leer.
—Generalmente me cita en pubs —comentó la periodista a Morton—. Y bastante cutres, además.
Morton sonrió y se volvió en el asiento con el brazo colgando del reposacabezas. Rebus notó que le gustaba la chica. Mairie atraía a todos al primer vistazo. Le habría gustado saber cuál era el secreto.
—Los pubs cutres hacen juego con su personalidad —dijo Morton.
—Una cosa —interrumpió Rebus—. ¿Por qué no me hacéis el jodido favor de ir a mirar los patos o lo que sea?
Morton se encogió de hombros y como a ella no le parecía mal abrió la portezuela. A solas, Rebus se acomodó mejor en el asiento y comenzó a leer.