Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Inspector..., si vuelve al norte, llámeme, ¿de acuerdo?
Rebus se dio cuenta de que no era una invitación a tomar el té.
—Sí, señor. Buenas noches.
Colgó. Tenía que ir a Aberdeen, pero ni hablar de avisar previamente a nadie. No obstante, Aberdeen podía esperar un día más. Vanessa Holden relacionada con la industria del petróleo...
— ¿De qué se trata, John?
Rebus miró a su amigo.
—Johnny Biblia, Jack. Acabo de tener una corazonada.
— ¿De qué?
—De que trabaja en la industria del petróleo
Recogieron la mesa y fregaron los platos; después hicieron café y decidieron reanudar las tareas de decoración. Morton quería saber más cosas de Johnny Biblia y de Eve y Stanley, pero Rebus no sabía por dónde empezar. Tenía un atasco mental por acumular tanta información sin darle salida. La primera víctima de Johnny Biblia fue una estudiante de geología en una universidad muy vinculada a la industria del petróleo. Y ahora la cuarta víctima organizaba casetas para congresos y trabajaba en Aberdeen; no era difícil deducir quiénes eran sus mejores clientes. Si existía relación entre las víctimas primera y cuarta, ¿faltaba algo entre las víctimas dos y tres, algo que las vinculara? Una prostituta y una camarera, una en Edimburgo y la otra en Glasgow...
Sonó el teléfono y dejó la lija —la puerta estaba quedando bien— para atender la llamada. Morton estaba en una escalera trabajando en las molduras.
—Diga.
—John, soy Mairie.
—He estado intentando ponerme en contacto contigo.
—Lo siento; tenía otro encargo. Uno de pago.
— ¿Has averiguado algo sobre el mayor Weir?
—Bastante. ¿Qué tal Aberdeen?
—Vigorizante.
—Eso será para ti. Mis notas... Mira, me parece que hay mucho material para leértelo por teléfono.
—Pues podríamos vernos.
— ¿En qué pub?
—En un pub no.
—Debe de estar mal la línea. ¿Has dicho «en un pub, no»?
— ¿Qué te parece en Duddingston Village? Está casi a la misma distancia de tu casa y la mía. Aparco junto al lago.
— ¿Cuándo?
—Dentro de media hora.
—Bien, media hora.
—No acabaremos nunca esta habitación —comentó Morton bajando de la escalera.
Tenía pintura en el pelo.
—Te queda bien el gris —le dijo Rebus.
— ¿Otra mujer? —preguntó él limpiándose la cabeza mientras Rebus asentía—. ¿Cómo te las quitas de encima?
—El piso tiene muchas puertas.