Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Otra cosa. Hablé con el señor Fletcher. —Hayden Fletcher, el relaciones públicas de T—Bird Oil—. Y reconoció que conocía a la última víctima. Pero nos dio una descripción detallada de sus movimientos la noche del crimen. E incluso se ofreció a dar sangre para el análisis de ADN por si pudiera ser de utilidad.
—Qué creído.
—Eso es lo que yo diría de él. Me desagradó de inmediato; y no suele sucederme.
— ¿Ni siquiera conmigo? —dijo mirando a Morton, quien movió los labios diciendo «Cuidado».
—Ni siquiera con usted.
—Bueno, dos sospechosos eliminados. No es mucho avanzar, ¿verdad?
—No —respondió Grogan con un suspiro.
Rebus se lo imaginó restregándose los ojos cansados.
— ¿Y Eve y Stanley, señor? ¿Siguió mi consejo?
—Sí. Teniendo en cuenta su desconfianza hacia el sargento Lumsden, un excelente oficial, por cierto, destiné a dos de mis hombres a que vigilaran y me informaran directamente.
—Gracias, señor.
Grogan tosió.
—Estaban alojados en un hotel cerca del aeropuerto. Uno de cinco estrellas al que suelen ir directivos de las empresas del petróleo. Viajaban en un BMW. —El que había visto en el callejón de Tío Joe, pensó Rebus—. Tengo la descripción del mismo y la matrícula.
—No es necesario, señor.
—Bien. Mis hombres les siguieron a un par de clubes.
— ¿En horas de trabajo?
—Durante el día, inspector. Entraron sin nada y salieron igual. Pero también pasaron por varios bancos del centro de la ciudad. Uno de mis hombres se situó cerca de ellos en una de las entidades y vio que efectuaban un ingreso.
— ¿En un banco?
Rebus frunció el ceño. ¿El Tío Joe confiando en un banco? ¿Él dejando a extraños acercarse a menos de un kilómetro de sus mal ganadas riquezas ?
—Y eso es todo, inspector. Comieron juntos por ahí, estuvieron en el puerto y se fueron de la ciudad.
— ¿Se fueron?
—Esta tarde. Mis hombres les siguieron hasta Banchory. Yo diría que iban a Perth. —De camino a Glasgow—. El hotel confirmó que se habían marchado.
— ¿Preguntó si son clientes habituales?
—Sí, nos lo confirmaron. Hará unos seis meses que se alojan allí.
— ¿Cuántas habitaciones?
—Reservan siempre dos. —Se notaba que Grogan estaba sonriendo—. Pero las camareras sólo limpian una. Parece que no utilizan más que ésa.
«Ajá —se dijo Rebus—. Polvetes de tapadillo.»
—Gracias, señor.
— ¿Puede servirle esto de algo?
—Quizá de mucho. Le tendré al tanto. Ah, quería preguntarle una cosa...
—Diga.
— ¿Dijo Hayden Fletcher cómo conoció a la víctima? —Por asunto de negocios. Ella organizó la caseta de T—Bird Oil en el congreso del mar del Norte.
— ¿Es eso lo que significa «presentaciones de corporaciones»?
—Parece ser que la señorita Holden diseñó varios proyectos y luego su empresa construyó el definitivo. Fletcher la conoció durante las negociaciones.
—Muy agradecido, señor.