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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—El señor H —contestó—. Tony dijo algo sobre el señor H, pero luego cerró el pico como si se le hubiese escapado.

Shankley se removía animado en la silla por congraciarse con ellos. Sí: le sonreían. Rebus pensaba a toda velocidad: el único señor H que le venía a la cabeza era Jake Harley. No cuadraba.

—Muy bien —comentó Morton zalamero—. Ahora, piensa otra vez y dinos algo más.

Pero Rebus tenía otra pregunta.

— ¿Viste a Tony El picándose?

—No, pero sabía que lo hacía. Cuando íbamos siguiendo al chico, en el primer bar en que entramos Tony fue al meadero y cuando salió me di cuenta de que se había metido algo. Viviendo donde yo vivo te das cuenta enseguida.

Tony El se picaba. Pero eso no descartaba que le hubieran asesinado. Quizá la única consideración era que a Stanley le habría facilitado la faena. Un Tony El colocado era más fácil de matar que un Tony El con pleno conocimiento. Droga dirigida a Aberdeen... El Burke's, un centro de tráfico... Tony El, usuario... ¿y vendedor? Ojalá le hubiera preguntado a Erik Stemmons por Tony El.

—Necesito ir al váter —dijo Shankley.

—Ahora llamamos a un agente para que te acompañe. Espera.

Salieron los dos de la «galletera».

—Jack, te pido que confíes en mí.

— ¿Como cuánto?

—Quiero que te quedes aquí y tomes declaración a Shankley.

— ¿Mientras tú haces qué?

—Invitar a alguien a comer. —Echó un vistazo al reloj—. Y vuelvo a las tres.

—Mira, John...

—Tómalo como una libertad condicional. Voy a comer y vuelvo. Dos horas. Dos horas, Jack —insistió alzando los dedos.

— ¿A qué restaurante?

— ¿Qué?

—Dime adónde vas y así telefoneo cada cuarto de hora para comprobar que estás allí. —Rebus hizo un gesto de disgusto—. Y dime a quién invitas.

—A una mujer.

—Nombre.

Rebus lanzó un suspiro.

—Hay negociadores duros, pero tú eres un peso pesado.

—Nombre —repitió Morton sonriente.

—Gill Templer. Inspectora jefe Gill Templer, ¿vale?

—Vale. ¿Y el restaurante?

—No lo sé. Te lo diré desde el local.

—Me telefoneas. Si no lo haces se entera Chick, ¿de acuerdo?

—Ah, ahora vuelve a ser «Chick», ¿eh?

—Se entera.

—Vale, te llamo.

— ¿Y me das el número del restaurante?

—Te lo digo. ¿Sabes una cosa, Jack? Me has quitado el apetito.

—Pide mucha comida y me traes una bolsita.

Rebus fue a buscar a Gill Templer y la encontró en su despacho, pero ella dijo que ya había comido.

—Pues acompáñame y me miras.

—Eso no me lo pierdo.

Había un restaurante italiano en Clerk Street. Rebus pidió una pizza; lo que le sobrara se lo llevaría a Jack. A continuación, telefoneó a St. Leonard y dio el número de teléfono de la pizzería para que se lo pasaran a Morton.