Back Black & Blue
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Hay un niño ahí dentro. ¿Verdad que sí? —añadió dirigiéndose a la encargada.

Ésta afirmó con la cabeza, y Rebus se volvió hacia Morton.

—Un posible rehén. Voy a entrar. Tú quédate aquí fuera y me vas señalando su posición.

Se quitó la chaqueta y entró en el recinto.

Los cilindros eran el primer obstáculo. Estaba demasiado gordo para pasar por allí, pero consiguió introducirse entre ellos y la red. Recordó su curso de entrenamiento en las Fuerzas Aéreas: de película. Vadeó una balsa de bolas de plástico de colores y a continuación un tubo curvado hacia arriba que conducía al primer nivel. Al lado había un tobogán; subió por él. Veía a Jack detrás de la red indicándole un lugar arriba en la esquina de atrás. Miró a su alrededor sin dejar de caminar agachado: sacos de arena y un foso con red, un cilindro para trepar y más toboganes y cuerdas para ascender. Y Hank Shankley en la esquina posterior, pensando cómo salir de aquélla. El público de la cafetería, perdido el interés por los esforzados nadadores, miraba expectante. Un piso más arriba estaba el niño. Rebus tenía que llegar a él antes que Shankley. Adelantarse a él o atraparle. Shankley ignoraba la presencia del niño y Rebus le distraía dando voces:

— ¡Oye, Hank, por mí podemos pasarnos aquí todo el día! ¡Y toda la noche, si hace falta! ¡Vamos, sal; simplemente queremos charlar contigo! Hank, estás ridículo ahí arriba. Mira que cerramos y te dejamos enjaulado.

— ¡Cállese!

A Shankley le salía espuma por la boca. Demacrado y delgado como estaba... Rebus sabía que era una tontería preocuparse por el VIH, pero no pudo evitar pensarlo. Edimburgo tenía una alta tasa de VIH. Estaba ya a unos cinco metros de Shankley cuando oyó un frufrú en aumento hacia donde él estaba, ya casi a punto de salir por el extremo de un tubo, y de pronto unos pies le golpearon, tumbándole de lado. Un niño de unos ocho años le miraba fijamente.

—Es demasiado grande para estar aquí, señor.