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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

La piscina de la Commonwealth, construida para los juegos de 1970, estaba al final de Dalkeith Road, al pie de Arthur's Seat, a unos cuatrocientos metros de la comisaría de St. Leonard. En los tiempos en que nadaba, Rebus solía almorzar en aquella piscina. Escogías un carril —nunca vacío y parecido a la entrada de un área de descanso de autopista— y nadabas rítmicamente para no tropezar con el de delante ni que te alcanzara el de atrás. La piscina estaba muy bien, aunque tenía demasiadas reglas de uso. La otra opción era hacer anchos en la piscina abierta, pero entonces te tropezabas con los críos y sus padres. Y había una tercera para niños pequeños y tres toboganes por los que nunca se había tirado; además estaban las saunas, el gimnasio y la cafetería.

Encontraron sitio para aparcar y entraron en el edificio. Rebus se identificó y dio la descripción de Shankley.

—Es cliente habitual —dijo la mujer.

— ¿Y está hoy?

—No lo sé. Yo acabo de entrar.

Volvió la cabeza para preguntar a una compañera que contaba monedas dentro de la taquilla y las metía en bolsas de plástico. Jack Morton dio un golpecito en el hombro a Rebus.

Detrás de la cabina había un espacio abierto con ventanales a la piscina principal. Allí, recostado, bebiendo una lata de CocaCola, se hallaba un hombre muy alto y delgado de pelo descolorido y mojado. Con una toalla enrollada bajo el brazo. Rebus se volvió a mirar y advirtió que tenía cejas y pestañas rubias. Shankley, al ver dos hombres mirándole, comprendió de inmediato quiénes eran y en cuanto ellos se dirigieron hacia él, echó a correr.

Fue a dar la vuelta a la esquina de la cafetería, pero por allí no había salida y siguió corriendo hasta la zona de juego infantil. Era un recinto amplio de tres plantas rodeado de red, toboganes, pasarelas y otros artefactos ideales para un cursillo de asalto a los pequeñajos. A Rebus le gustaba a veces después de nadar sentarse a tomar un café viendo jugar a los críos y elucubrando quién de ellos sería mejor soldado.

Shankley, al verse acorralado, se revolvió como dispuesto a plantarles cara. Rebus y Morton sonrieron. Pero su ansia por escapar era tan fuerte, que Shankley dio un empujón a la encargada, abrió la puerta del área de juego, se agachó y se metió allí. Dos cilindros enormes acolchados, cual rodillos gigantes de secadora, le cerraban el paso, pero él se escurrió entre ellos sin dificultad.

Jack Morton se echó a reír.

— ¿Pero adónde va?

—No sé.

—Vamos a tomar un té y aguardar a que se harte.

Rebus meneó con insistencia la cabeza. Acababa de oír un ruido en el último nivel.