Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Rebus se levantó, vio a Shankley que se les venía encima y agarró al crío por el cogote y lo arrastró hacia el tobogán; una vez allí lo echó hacia abajo. Cuando se giraba para hacer frente a Shankley recibió otra patada: ésta del albino. Rebotó en la red y cayó en el tobogán acolchado. El niño iba ya camino de la salida desde donde la encargada hacía aspavientos para que se diera prisa. Shankley se tiró por el tobogán con los puños por delante, golpeando a Rebus en el cuello, y echó a correr detrás del crío, pero éste ya había cruzado los cilindros. Rebus se lanzó sobre Shankley, lo arrastró hasta las bolas de plástico y le propinó un directo limpio. Shankley, con los brazos cansados de nadar, le golpeaba en los costados, pero eran puñetazos como de muñeco de trapo. Rebus cogió una bola que le encajó en la boca y Shankley quedó con una cara ridícula de labios tensos y exangües. Acto seguido, dos golpes en la entrepierna y fin de la historia.
Morton entró a ayudarle a arrastrar el flaco inerte.
— ¿Estás bien? —preguntó.
—Me ha hecho más daño el niño que él.
La madre del pequeño, que estaba abrazándole y comprobando si tenía algún rasguño, dirigió a Rebus una mirada asesina: el niño protestaba porque le habían fastidiado los diez minutos que le quedaban para jugar. La encargada se le acercó.
—Perdone, ¿nos puede devolver la bola?
Como St. Leonard estaba tan cerca llevaron allí a Shankley. Pidieron una «galletera« y les asignaron una que debía de haber sido usada poco antes a juzgar por el olor.
—Siéntate —ordenó Rebus a Shankley, y a continuación salió con Morton para aleccionarle.
—Para tu información: Tony El mató a Alian Mitchison... aún no sé exactamente por qué. A Tony le echaron una mano —añadió señalando hacia la «galletera»—, pero no sé qué podrá aclararnos Hank.
Morton asintió con la cabeza.
— ¿No digo ni pío o participo?
—Tú haces de bueno —dijo Rebus dándole una palmadita en la espalda—. Siempre lo has hecho.
Y entraron formando equipo como en los viejos tiempos.
—Bien, señor Shankley —comenzó diciendo Rebus—, de momento tenemos resistencia a la autoridad y agresión a un policía. Y testigos de sobra.
—Yo no he hecho nada.
—Negación doble.
— ¿Qué?
—Dos negaciones equivalen a una afirmación. O sea, que sí ha hecho algo.