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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

— ¿Vas a intentar venderme ahora lo de la iglesia de los zumos?

—Eres mayorcito; decide tú mismo.

Morton se puso en pie y ayudó a Rebus a hacerlo.

—Seguro que parecemos dos pordioseros.

—Yo no sé, pero tú desde luego que sí.

—Tú tienes pinta elegante, Jack; sereno y elegante.

Morton le tocó el hombro con la mano.

— ¿Te sientes bien ya?

Rebus asintió con la cabeza.

—Es una bobada, pero hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien. Anda, vamos a dar un paseo.

Volvieron sobre sus pasos camino de la Infirmary. Morton no preguntó adónde iban, pero Rebus se dirigía a un sitio muy concreto: la biblioteca de la Universidad en George Square. Estaban cerrando cuando entraron y las estudiantes, carpeta contra el pecho, les abrieron paso hacia el mostrador sin hacerse de rogar. — ¿Qué desean? —les dijo el empleado mirándoles de arriba abajo.

Pero Rebus ya había rebasado el mostrador para acercarse a una joven enfrascada en sus libros.

—Hola, Nell.

Ella alzó la vista sin reconocerle al principio, y acto seguido se ruborizó.

— ¿Qué ha sucedido?

—Brian está bien —replicó él alzando una mano—. Es que Jack y yo..., bueno, nos...

—Tropezamos y nos caímos —apostilló Morton.

—No deberías ir a pubs con escaleras. —Ahora que ya sabía que Brian estaba bien recuperaba su aplomo y su recelo—. ¿Qué quieres ?

—Hablar contigo. ¿Vamos afuera?

—Acabo en cinco minutos.

Rebus asintió con la cabeza.

—Te esperamos, entonces.

Salieron y Rebus quiso encender un cigarrillo, pero el paquete estaba aplastado e inservible.

—Caray, ahora que me apetece fumarme uno...

—Así apreciarás lo que es dejarlo.

Se sentaron en la escalinata mirando los jardines de George Square y los edificios del entorno, una mezcla de antigüedad y modernidad.

—Parece que se palpa en el ambiente todo ese esfuerzo intelectual —comentó Morton.

—Hoy en día la mitad de la policía pasa por la universidad.

—Y supongo que no van por ahí dando puñetazos a los amigos.

—Te he pedido perdón.

— ¿Sammy fue a la universidad?

—A una escuela superior. Creo que hizo algo de secretariado. Ahora trabaja en una organización benéfica.

— ¿En cuál?

—SWEEP.

— ¿Esos que reinsertan a ex presidiarios?

—Exacto.

— ¿Lo hizo por lanzarte una indirecta?

Rebus se había planteado la misma pregunta muchas veces. Se encogió de hombros.

—Padres e hijas, ¿no?

Se abrió la puerta a sus espaldas: Nell Stapleton. Era una mujer alta de cabello moreno corto y rostro desafiante. Sin pendientes ni alhajas.

—Podéis acompañarme al autobús —le dijo.

—Mira, Nell... —comenzó a balbucir Rebus, dándose cuenta de que habría debido prepararlo y ensayarlo—, lo único que quiero decirte es que siento lo que os ha pasado a ti y a Brian.

—Gracias.

Caminaba deprisa y a Rebus le dolía la rodilla.