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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Estaban a medio camino, en la zona de juego, en el triángulo poco iluminado formado por los paseos. Morton le asió del brazo para intentar detenerle, pero Rebus giró sobre sus talones y le largó un puñetazo que fue a darle en la mejilla y le hizo tambalearse. Con cara de asombro, se puso en guardia y paró un segundo golpe con el antebrazo, lanzando él un derechazo con amago para que Rebus creyera que iba dirigido a la cabeza y que percutió con fuerza en su estómago. Rebus lanzó un gruñido de dolor, pero aguantó y retrocedió dos pasos antes de echársele encima. Cayeron los dos al suelo rodando, dándose golpes sin fuerza, pero luchando a brazo partido. Oía a Morton repitiendo sin cesar su nombre; le apartó de un empujón y se puso en cuclillas. Un par de ciclistas se habían parado a mirarles.

—John, ¿pero qué coño te pasa?

Enseñando los dientes, Rebus volvió a lanzarse con mayor ímpetu, dando a su amigo tiempo de sobra para esquivarle y replicar con un puñetazo que Rebus estuvo a punto de esquivar también; pero cambió de idea y aguantó el golpe. Un golpe que le alcanzó abajo; el tipo de puñetazo que dobla a un hombre sin hacerle daño. Rebus se quebró, para caer a cuatro patas y comenzar a escupir y a vomitar casi todo líquido. Y aun consciente de que había vaciado el estómago, seguía deseando echar más. Tras lo cual rompió a llorar. Lloraba por sí mismo y por Lawson Geddes, y quizá por Lenny Spaven. Y sobre todo por Elsie Rhind y por todas sus hermanas, víctimas a las que no había podido ni podría ayudar jamás.

Jack Morton aguardaba sentado a un par de metros con las manos en las rodillas. Sudoroso, recobraba el aliento y se quitaba la chaqueta. El llanto de Rebus parecía no tener fin; le chorreaban mocos por la nariz y saliva por la boca. Poco a poco los sollozos disminuyeron y cesaron por completo y vio que se tumbaba de espaldas, con la respiración agitada y un brazo sobre la frente.

—Joder, qué falta me hacía —dijo.

—No me había peleado desde los quince años —comentó Morton—. ¿Te sientes mejor?

—Mucho mejor. —Rebus sacó un pañuelo y se limpió los ojos, la boca y se sonó—. Siento que haya sido contigo.

—Mejor yo que el primer inocente que hubieras encontrado.

—Eso es bien cierto.

— ¿Por eso bebes? ¿Para evitar estas situaciones?

—Joder, Jack, no lo sé. Bebo porque siempre he bebido. Me gusta. Me gusta el sabor y la sensación. Me gusta ir a los pubs.

— ¿Y te gusta dormir sin soñar?

Rebus asintió con la cabeza.

—Eso más que nada.

—Hay otros modos, John.