Back Black & Blue
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Estoy seguro de que fue suicidio. Aquel último día se notaba que había tomado una decisión y estaba reconciliado consigo mismo. Se le veía más tranquilo, casi sereno, pero sus ojos... Ya no me miraba. Era como si ya fuese incapaz de tratar con la gente. Hablaba, sí, pero sólo conversaba consigo mismo. Yo le apreciaba muchísimo. Y hay que ver lo bien que escribía...

— ¿El último día? —inquirió Rebus.

Morton miraba por la verja hacia el hospital.

—El último día —repitió Hine—. El último día fue el más espiritual de mi vida. Me sentí verdaderamente tocado por... la gracia.

—Una buena chica —musitó Morton, pero Hine no lo oyó.

— ¿Sabe cuáles fueron sus últimas palabras? —añadió Hine cerrando los ojos para hacer memoria—. «Dios sabe que soy inocente, Mick, pero estoy harto de decirlo.»

Rebus estaba inquieto. Quería mostrarse intrascendente, irónico, como era él, pero advertía ahora que su espíritu tendía a identificarse con excesiva naturalidad con las últimas palabras de Spaven; incluso algo con la persona. ¿Le había cegado realmente Lawson Geddes? Para él Spaven era casi un desconocido, y, sin embargo, le había ayudado a meterlo en la cárcel por homicidio, vulnerando reglas y reglamentos durante el proceso y prestando ayuda a un hombre enfebrecido por el odio e impulsado por la venganza.

¿Venganza de qué?

—Cuando me dijeron que se había dado un tajo al cuello, no me sorprendió. Se pasó todo aquel día acariciándoselo. —Hine se inclinó de pronto y elevó la voz—. ¡Y hasta ese último día no cesó de repetir que había caído en una trampa! ¡Tendida por usted y su amigo!

Morton se volvió hacia el banco, alerta. Pero Rebus permanecía impávido.

— ¡Míreme a los ojos y niéguelo! —espetó Hine—. Fue el mejor amigo que he tenido, el hombre más amable y agradable. Y ya no está... No está —añadió agarrándose la cabeza con las manos y rompiendo en sollozos.

De todas las opciones que tenía, Rebus sabía que la mejor era largarse. Y eso fue precisamente lo que hizo: echar a correr por los céspedes hacia Melville Drive seguido con notable esfuerzo por Jack Morton, que gritaba:

— ¡Espera! ¡Espera, hombre!