Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Ni sordo, ni mudo, ni ciego. El dijo que otro policía querría hablar conmigo. ¿Quiere sentarse?
Rebus tomó asiento en el banco y Jack Morton se apartó para apoyarse en la tapia, detrás, como para no escuchar. Rebus sacó un billete de cinco libras.
—Tome, para pilas.
Mick Hine cogió el dinero.
— ¿Así que usted es Rebus?
Hine le observó con detenimiento.
Tendría algo más de cuarenta años, era algo calvo y un poco estrábico. Su traje era bastante aceptable, pero tenía agujeros en las rodilleras y debajo asomaba una camiseta roja sucia. Llevaba dos bolsas de supermercado a rebosar que había dejado a un lado en el banco.
—Lenny me habló de usted. Pensé que sería distinto.
— ¿Distinto?
—Más joven.
—Cuando Lenny me conoció era más joven.
—Sí, claro. Sólo las estrellas de cine permanecen más jóvenes, ¿no lo ha advertido? El resto de los mortales nos arrugamos y encanecemos.
Pero no era el caso de Hine; lucía un leve bronceado lustroso, su cabello era color azabache y lo llevaba largo. Tenía rozaduras en mejillas y barbilla, en la frente y los nudillos. Una caída o una pelea.
— ¿Se ha caído, Mick?
—Es que me dan mareos.
— ¿Y qué dice el médico?
— ¿Cómo?
No había consultado a ningún médico.
— ¿Sabe que hay albergues? No tiene por qué dormir a la intemperie.
—Atestados. Me revienta hacer cola y siempre llego el último. Michael Edward Hine toma nota de su preocupación. Bien, ¿quiere oír la historia?
—Cuando guste.
—Conocí a Lenny en la cárcel, donde compartimos celda unos cuatro meses. Era una persona tranquila y pensativa. Sé que anteriormente ya había tenido problemas y que no era la clase de hombre que se adapta a la cárcel. Él me enseñó a hacer esos crucigramas en que hay que poner letras en orden. Tenía paciencia conmigo. —Estaba divagando, pero volvió a centrarse—. Era exactamente como el individuo que reflejan sus escritos. Él mismo me confesó que había quedado impune de malas acciones anteriores, pero que ello no le ayudaba a sobrellevar el castigo por un crimen que él no había cometido. Me lo repetía una y otra vez: «No fui yo, Mick, te lo juro. Lo juro por Dios y todos los santos». Era una obsesión. Yo creo que de no haber sido por aquellos relatos que escribía se habría suicidado antes.
— ¿No cree que le asesinaran?
Hine reflexionó antes de negar taxativamente con la cabeza.