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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Así que Rebus fue a llamar a Mairie, pero sólo habló con el contestador automático. Dejó un breve recado y preguntó a la camarera si había cerca alguna tienda de fotografía. Ella dijo que sí, le indicó el sitio y siguió secando vasos. Llamó a Morton y salieron del local. Hacía más calor, pero persistía aquella capa opresiva de nubes, casi tormentosa. Aunque se notaba que el sol la zurraba como un niño a una almohada. Rebus se quitó la chaqueta y se la echó al hombro. El fotógrafo estaba en otra calle y cortaron por Hill Street.

Era una tienda con el escaparate lleno de retratos de recién casados como envueltos en una aureola y niños de sonrisa radiante. Momentos de felicidad congelados —gran engaño— para enmarcarlos y colocarlos en lugar destacado, en una vitrina o encima del televisor.

— ¿Fotos de tus vacaciones? —preguntó Morton.

—No preguntes de dónde las he sacado.

Rebus encargó una copia de los negativos y la dependienta anotó los que quería y le indicó que volviera al día siguiente.

— ¿No podrían hacerlas en una hora?

—No en el caso de segundas copias, lo siento.

Cogió el recibo y se lo guardó doblado en el bolsillo. Afuera el sol se había rendido y comenzaba a llover, pero Rebus no se puso la chaqueta porque aún sudaba.

—Mira —dijo Morton—, no tienes por qué decírmelo todo, pero me gustaría saber algo de todo esto.

— ¿De qué parte?

—De tu viaje a Aberdeen y esos mensajes cifrados entre tú y Chick. En fin, no sé; todo.

—Probablemente más vale que no lo sepas.

— ¿Por qué? ¿Porque estoy a las órdenes de Ancram?

—Tal vez.

—Vamos, John.

Pero Rebus estaba ya en otra cosa. Dos casas más allá del fotógrafo había una tienda de bricolaje: pintura, brochas y rollos de papel pintado. Se le había ocurrido algo. Ya en el coche, le indicó a Morton el camino que debía seguir, añadiendo que era una sorpresa, lo que le hizo recordar que eso mismo había dicho Lumsden la primera noche en Aberdeen. Cerca de St. Leonard le dijo que doblara a la izquierda.

— ¿Aquí?

—Eso es.

El aparcamiento del supermercado de bricolaje estaba casi vacío y pudieron dejar el coche cerca de la entrada. Rebus se apeó de un salto y logró localizar un carrito con las cuatro ruedas en buen estado.

—Se supone que en un sitio como éste deberían tener alguien que supiera arreglarlos.

— ¿Y a qué hemos venido aquí?

—A por unas cosas que necesito.

—Necesitas comida, no yeso.

—En eso te equivocas —replicó Rebus.