Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—En realidad, todo es algo vago... —Ancram abrió un cajón y cogió dos archivadores gruesos, que dejó en la mesa—. Tengo el expediente de Geddes e informes sobre él. Aparte de cosas de la investigación sobre John Biblia; minucias de su intervención. Y parece que fue haciendo presa en él la obsesión. —Ancram abrió un archivador y lo hojeó distraídamente antes de volver a mirar a Rebus—. ¿Le suena eso?
— ¿Insinúa que estaba obsesionado con Lenny Spaven?
—Es que lo estaba —soltó Ancram, asintiendo con la cabeza—. Lo sé porque me lo han contado oficiales que estaban en el servicio en aquella época, pero lo más importante es que lo sé a causa de John Biblia.
El cabrón acababa de lanzarle un gancho de izquierda. Y llevaban sólo veinte minutos de interrogatorio. Rebus cruzó las piernas y trató de aparentar indiferencia. Era tal la tensión de su cara que pensó que debía de notársele el relieve de los músculos.
—Mire —prosiguió Ancram—, Geddes intentó implicar a Spaven en el caso de John Biblia. Pero las notas están incompletas. Fueron destruidas o se perdieron; o Geddes y sus superiores no lo pusieron todo por escrito. Pero Geddes iba a por Spaven, de eso no cabe duda. En los archivos encontré unas viejas fotos y en ellas aparece Spaven. —Alzó las fotos—. Son de la campaña de Borneo. Él y Geddes servían en el mismo regimiento de la Guardia Escocesa. Tengo la impresión de que entre ambos sucedió algo y a partir de ahí Geddes se la tuvo jurada a Spaven. ¿Cómo he llegado tan lejos?
—Llenando tranquilamente el tiempo hasta la pausa del cigarrillo. ¿Puedo ver las fotos?
Ancram se encogió de hombros y se las pasó. Rebus echó un vistazo. Fotos antiguas en blanco y negro con los bordes gastados; un par de ellas de cinco por tres centímetros y el resto de diez por quince. Enseguida reconoció a Spaven por su característica sonrisa de seductor. Había también un sacerdote con uniforme militar y alzacuello y otros hombres con pantalón corto ancho, calcetines largos y cara reluciente por el sudor, con ojos casi de temor. Algunas caras se veían borrosas y Rebus no reconoció a Lawson Geddes en ninguna foto. Las habían hecho al aire libre; se veían chozas de bambú en segundo término, y el morro de un jeep aparecía en una de las fotos. Les dio la vuelta y leyó algunos nombres y «Borneo, 1965».
— ¿Eran de Lawson Geddes? —inquirió al devolvérselas.
—No tengo ni idea. Estaban con todo lo demás de John Biblia.
Ancram volvió a guardarlas en el archivador, contándolas una por una.
—No falta ninguna —dijo Rebus.
La silla de Jack Morton chirrió: estaba comprobando si la cinta llegaba a su final para cambiarla.