Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Durante la tarde y por la noche fueron difundiendo más detalles sobre la víctima. Ya la describían como «una eficiente directiva de veintisiete años». El término «hombre de negocios» se encendió en el cerebro de John Biblia. No era un camionero ni nada parecido, sino un simple hombre de negocios. El Advenedizo. Se sentó ante el ordenador y volvió a las notas sobre la primera víctima, la estudiante de geología de la Universidad Robert Gordon. Necesitaba más datos sobre ella, pero no sabía cómo procurárselos. Y ahora, con una cuarta víctima, más trabajo todavía. Tal vez el estudio de la número cuatro diera como resultado no tener que indagar sobre la primera para completar el perfil. Por la noche quizá sabría a qué atenerse.
Salió ya tarde a dar un paseo. La noche era sumamente agradable, con un aire perfumado y poco tráfico. Glasgow no estaba mal, aunque comparado con ciudades de Estados Unidos que él conocía, era un pueblo. Recordaba la ciudad en que se había criado, las bandas callejeras, los puñetazos y los navajazos. Había violencia en la historia de Glasgow, pero su historia no se reducía a eso. Resultaba también una ciudad preciosa, una ciudad para fotógrafos y pintores. Un lugar para enamorados...
«Yo no quería matarlas.» Le gustaría poder decírselo a Glasgow, pero resultaría falso, claro. En aquel entonces... en el último momento... lo que más deseaba en el mundo era su muerte. Había leído entrevistas con asesinos y había asistido a algún juicio por el deseo de hallar a alguien con quien poder identificarse. Pero nadie se aproximaba. Era imposible describir o entender sus sentimientos.
Lo que concretamente no entendieron muchos era por qué había elegido a la tercera víctima. Aquello fue como un sentimiento preordenado, habría podido contestar. Y no le importó que hubiera testigos en el taxi. Nada importaba; todo estaba decidido por un poder que venía desde arriba.
O desde abajo.
O sencillamente por un simple conflicto químico en su cerebro debido a una anomalía genética.
Después, su tío le había ofrecido un empleo en Estados Unidos y pudo marcharse de Glasgow. Dejar atrás toda una vida para crearse otra nueva, una nueva identidad... como si el matrimonio y el éxito en el trabajo pudiesen sustituir lo que dejaba atrás...