Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
El hotel Fairmount estaba en la zona más animada y transitada de Glasgow. Visto desde fuera era una masa anodina de cemento, pero dentro revelaba la clase de parador para directivos medios, activo sobre todo entre semana. Allí reservó John Biblia habitación para el domingo por la noche.
El domingo había corrido la noticia sobre la última víctima del Advenedizo, aunque demasiado tarde para que la publicase la prensa. Pero él escuchó en la habitación las noticias sintonizando diversas emisoras y vio cuantos noticiarios de televisión pudo, tomando nota de todo. Los mensajes de teletexto eran breves y lo único que sabía era que el cadáver de una mujer casada de veintitantos años había aparecido cerca del puerto de Aberdeen.
Otra vez Aberdeen. Todo encajaba. Pero al mismo tiempo, si es que, efectivamente, se trataba del Advenedizo, ahora rompía la pauta: ésta era la primera víctima casada, y quizá la de más edad. Lo que podría significar que nunca había habido una pauta; aunque no descartara necesariamente su existencia, ésta estaba todavía por concretar.
Que era lo que John Biblia esperaba.
Mientras, abrió en su portátil el archivo ADVENEDIZO para repasar las notas sobre la tercera víctima. Judith Cairns, Ju–Ju para los amigos, de veintiún años, compartía un piso alquilado en Hillhead, cerca de Kelvingrove Park. Desde la ventana él casi podía ver Hillhead. Aunque estaba registrada en el paro, Judith trabajaba en la economía sumergida: bares a la hora del almuerzo, un quiosco de patatas fritas por la noche y de camarera en el hotel Fairmount las mañanas del fin de semana. Circunstancia por la que el Advenedizo la había conocido, deducía John Biblia. Un viajante de comercio va a hoteles; bien lo sabía él. Le intrigaba hasta qué punto se parecería al Advenedizo; no físicamente, sino mentalmente. Él no quería sentirse identificado en ningún aspecto con su presuntuoso émulo, el usurpador. Él quería ser único.
Paseó por la habitación, anhelando hallarse en Aberdeen para seguir el desarrollo de la investigación; pero tenía trabajo en Glasgow. Un trabajo que no podía llevar a cabo hasta medianoche. Miró por la ventana, imaginándose a Judith Cairns cruzando Kelvingrove Park: lo habría hecho docenas de veces. Y una de ellas, acompañada por el Advenedizo. Lo bastante para él.