Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—A ver si me coges —replicó ya a media escalera, seguido de cerca por el otro.
— ¿Adónde vamos?
—Vamos a un pub —contestó Rebus—. En mi coche. Como tú no bebes, conduces a la vuelta y así no infringimos la ley. Ahora veremos lo resistente que es tu nueva religión de los zumos —apostilló abriendo el portal.
Estuvo a punto de tropezar con un hombre alto, moreno, de pelo rizado y cano. Vio un micrófono y oyó que le hacía una pregunta: Eamonn Breen. Se limitó a flexionar con fuerza la cabeza para darle un golpe en el puente de la nariz. El «beso de Glasgow» no opuso resistencia y le abrió paso sin más.
— ¡Hijo de puta! —farfulló Breen, soltando el micro y llevándose las manos a la nariz—. ¿Lo has filmado? ¿Lo has cogido?
Rebus miró de reojo y vio que Breen tenía sangre en los dedos y que el cámara movía afirmativamente la cabeza, y también a Kayleigh Burgess a un lado con el bolígrafo en la boca, dirigiéndole una mirada y una sutil sonrisa.
—Seguro que pensó que te animaría ver un rostro amigo —comentó Jack Morton.
Estaban en la barra del Oxford y Rebus acababa de comentarle lo de Siobhan.
—Dadas las circunstancias, yo le estaría agradecido —insistió.
Morton se había tomado media jarra mediana de zumo natural de naranja con gaseosa. El hielo hacía sonar el vaso cuando se servía. Rebus ya iba por la segunda jarra de Belhaven Best. La tarde del domingo, veinte minutos después de abrir, en el Oxford el ambiente era tranquilo: tres clientes más en la barra, que estiraban el cuello hacia el televisor mirando un concurso cuyo presentador llevaba una especie de arbusto a guisa de peinado y sus dientes parecían teclas de piano Steinway; su cometido era sostener una tarjeta delante de las narices, leer la pregunta, mirar a la cámara y repetir la pregunta como si de su respuesta dependiese el desarme nuclear.
—Bien, Barry —canturreó—, por doscientos puntos: ¿qué personaje interpreta el Muro en El sueño de una noche de verano?
—Pink Floyd —dijo el primer cliente.
—Snout —soltó el segundo.
— ¡Hasta luego, Barry! —dijo el tercero, agitando la mano hacia la pantalla que enmarcaba a un Barry muy apurado.
Sonó una chicharra y el presentador planteó la pregunta a los otros dos concursantes.
— ¿No? —dijo—. ¿No hay respuesta? —A pesar de su cara de sorpresa tuvo que mirar la tarjeta para leerla él—. Snout —agregó mirando al desventurado trío y repitió el nombre como insinuando que la próxima vez no lo olvidasen. Nueva tarjeta—: Jasmine, por ciento cincuenta puntos: ¿en qué estado americano encontrarías el nombre de Akron?
—En Ohio —dijo el segundo cliente.
— ¿No es un personaje de Star Trek? —inquirió el primero.
—Hasta luego, Jasmine —dijo el tercero.
—Bueno —cortó Morton—, ¿hablamos?