Back Black & Blue
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—No lo entiendo.

—Una cuestión de lealtad. Está comprobando si le soy leal, sopesando el pasado, tú y yo, y mi futuro.

— ¿Y hasta qué extremo eres leal, Jack?

—No me busques las cosquillas.

Rebus apuró el whisky.

—Van a ser unos días muy interesantes. ¿Y qué pasa si tengo la suerte de echar un polvo? ¿Vas a estarte debajo de la cama como un orinal o el puto hombre del saco?

—John, no...

Rebus se puso en pie.

— ¡Es mi casa, joder! ¡El único sitio en que puedo evadirme de toda la mierda que nos rodea! ¿Acaso se supone que tengo que estarme calladito, aguantándome? Tú montando guardia, los de la forense oliendo como perros en una farola... ¿Es que tengo que quedarme sentado por las buenas como si no pasara nada?

—Sí.

— ¡Pues que les den por saco, y a ti también, Jack! —Sonó el timbre de la puerta—. Abre tú. Serán tus sabuesos.

Morton se dirigió a la entrada con gesto ofendido. Rebus cogió la maleta del recibidor y la llevó al dormitorio; la tiró en la cama y la abrió. Estaba todo revuelto. Tendría que llevarlo a la lavandería. Cogió la bolsa de ropa sucia y vio que había un papel doblado: una nota señalando que algunas prendas quedaban en poder de la policía de Grampian para «análisis» forense. Revisó el contenido y vio que faltaban los pantalones manchados de hierba y la camisa rota de la noche del ataque. Grogan mandaría examinarlos por si era el asesino de Vanessa Holden. «Que le den por saco; que les den por culo a todos. Que les den a todos por el mismísimo culo.» Tiró la maleta abierta al suelo en el momento en que entraba Morton.

—John, dicen que será cosa de nada.

—Diles que se tomen el tiempo que quieran.

—Y mañana por la mañana hay que hacer el análisis de sangre y el de saliva.

—Con el segundo no tendré problema. Ponme a Ancram delante y verás.

—Esto no es cosa suya, ¿sabes?

—Vete a la mierda, Jack.

—Ojalá pudiera.

Rebus le dejó allí plantado y salió a mirar en el cuarto de estar. Había varios hombres, algunos de ellos conocidos, todos con monos blancos y guantes de goma. Levantaban los almohadones del sofá y miraban entre las hojas de los libros. Aunque, eso sí, no parecían hacerlo con fruición: consuelo de tontos. Era lógico que Ancram utilizase personal de Edimburgo; resultaba más fácil que desplazar a un equipo desde Aberdeen. Uno que estaba agachado delante del armario del rincón se puso en pie y al volverse sus miradas se cruzaron.

— ¿Ettu Siobhan?

—Buenas tardes, señor —dijo Siobhan Clarke, roja como un tomate.

Aquello era lo último; Rebus cogió la chaqueta y se dirigió a la puerta.

— ¡John! —exclamó Morton a sus espaldas.