Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Bueno —dijo Rebus—, me han dicho que te has pasado a la iglesia de los zumos.
Morton hizo una mueca.
—Lo que prediquen ni me va ni me viene, pero me ha ayudado a dejar la bebida.
—Magnífico.
— ¿Por qué será que nunca sé cuándo hablas en serio?
—Años de práctica.
— ¿Has tenido buenas vacaciones?
—Buenas es poco.
—Ya veo que te han acariciado la cara.
Rebus se llevó la mano a la zona tumefacta y notó que había bajado la inflamación.
—La gente, que se pone temperamental si te sientas en su tumbona.
Subieron la escalera. Morton le seguía a una distancia de un par de escalones.
— ¿En serio que no vas a quitarme ojo?
—Eso quiere el jefe.
— ¿Y consigue lo que quiere?
—Siempre que yo sepa lo que me conviene; y mis años me ha costado llegar a la conclusión de qué es lo que me conviene.
—Habló el filósofo. —Rebus metió la llave en la cerradura y abrió. El correo estaba tirado en la alfombra—. No sé si sabrás que esto va en contra de por lo menos una docena de leyes. Es decir, que no puedes ir siguiéndome a todas partes si yo no quiero.
—Pues plantéalo ante el tribunal de Derechos Humanos.
Morton entró tras Rebus en el cuarto de estar; la maleta quedó en el recibidor.
— ¿Una copita? —dijo Rebus.
—Ja, ja.
Rebus alzó los hombros, vio un vaso limpio y se sirvió del whisky de Kayleigh Burgess. Lo apuró de un trago y eructó.
—Tú te lo pierdes.
—Constantemente —dijo Morton resignado dejándose caer en el sofá.
—A mí me sucedería igual —replicó Rebus sirviéndose de nuevo.
—Eso ya es media batalla ganada.
— ¿Qué?
—Reconocer que es un problema.
—Yo no he dicho eso.
Morton se encogió de hombros y se puso en pie.
— ¿Puedo hacer una llamada?
—Como en tu propia casa.
—Parece que tienes mensajes —comentó al acercarse al aparato—. ¿Quieres oírlos?
—Serán todos de Ancram.
Morton cogió el auricular y marcó siete cifras.
—Soy yo —dijo cuando respondieron al otro extremo—. Aquí estamos. —Y colgó.
Rebus le miró por encima del vaso.
—Ahora viene hacia aquí un equipo a registrar el piso —dijo Morton—. Chick me ha comentado que te lo había dicho.
—Me lo dijo. Sin orden de registro, claro.
—Podemos conseguir una si te empeñas. Pero yo en tu caso les dejaría hacer... rápido y sin historias. Además... si el asunto llegara a los tribunales tendrías a tu favor lo de defecto de forma.
Rebus sonrió.
— ¿Tú estás de mi parte, Jack? —Morton volvió a sentarse sin contestar—. Le dijiste a Ancram que te telefoneé, ¿verdad?
Morton negó con la cabeza.
—Yo cierro el pico cuando tal vez no debería —replicó inclinándose hacia delante—. Chick sabe que tú y yo nos conocemos hace tiempo; por eso estoy aquí.