Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
¿Era mejor o peor que aterrizar sobre pinchos? Tenía que decidirse: sus perseguidores le daban alcance. No lograba dejarlos muy atrás aunque siempre les llevaba ventaja a pesar de ir herido. «Que salga de ésta», pensó.
«¡Que salga de ésta!»
Una voz a su espalda: «En tus sueños». Y un empujón al vacío.
Fue tal el sobresalto al despertar que se golpeó la cabeza con el techo del coche. Notaba la sensación física del miedo y la adrenalina.
—Joder —exclamó Ancram, que conducía, corrigiendo el desvío del vehículo con un golpe de volante—, ¿qué pasa?
— ¿Cuánto tiempo he dormido?
—Ni me había fijado que dormía.
Miró el reloj: quizá sólo habían pasado un par de minutos. Se restregó la cara instando a su corazón a frenar un poco. Podía explicarle a Ancram que había sido una pesadilla, o un ataque de pánico. Pero no quería decirle nada. Hasta que se demostrara lo contrario, Ancram era tan enemigo como cualquier matón con pistola.
— ¿Qué estaba usted diciendo? —aventuró.
—Perfilaba el trato.
—Ah, sí, el trato.
Se le había escurrido del regazo el dominical The Sunday; lo recogió del suelo. La última faena de Johnny Biblia ocupaba sólo la primera página. Las otras ya estaban impresas al llegar la noticia.
—Con lo que hay hasta ahora tengo de sobra para que le suspendan de empleo —dijo Ancram—. No es una situación nueva para usted, inspector.
—Pues no.
—Aun haciendo caso omiso del interrogatorio acerca de Johnny Biblia, está lo de su falta de colaboración en mi investigación sobre el caso Spaven.
—Tenía gripe.
—A los dos nos constan dos cosas —siguió Ancram sin hacerle caso—. Primero, que un buen policía no está exento de problemas de vez en cuando. En una ocasión se recibieron quejas de mi persona. Segundo, que esos programas de televisión casi nunca aportan nuevas pruebas, aparte de simples especulaciones e hipótesis; todo lo contrario de una investigación policial meticulosa en la que los informes y los datos se remiten a Interior para que los criben algunos de los mejores abogados criminalistas del país.
Rebus se volvió en su asiento para mirar a Ancram, preguntándose adónde iría a parar. Veía por el retrovisor su propio coche conducido con cuidado y atención por el sicario del inspector jefe que no apartaba la vista de la carretera.
—Mire, John, lo que yo digo es: ¿por qué andar huyendo si no tiene nada que temer?
— ¿Quién dice que no tengo nada que temer?