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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Pero también los buenos policías cometen errores, John. Incluso los buenos policías llegan a pasarse de la raya una vez en su vida. Un pajarito me ha dicho que usted se ha pasado más de una vez.

—Los pajaritos podrían cagar en su propio nido.

Ancram meneó la cabeza de un lado a otro.

—Su anterior conducta nada tiene que ver aquí. —Se levantó y dio media vuelta, haciendo una pausa, para continuar hablando de espaldas—. ¿Sabe una cosa? El interés de los medios de comunicación por el caso Spaven coincide con el primer asesinato de Johnny Biblia. ¿Y sabe lo que puede pensar la gente? —Se volvió apuntándole con un dedo—. Un policía obsesionado por John Biblia, que recuerda historias que le contaba sobre el caso su antiguo compañero. —Otro dedo—. La basura del caso Spaven a punto de salir, muchos años después cuando ya el policía en cuestión creía que estaba bien oculta. —Tercer dedo—. El policía estalla. Ha vivido todo ese tiempo con una bomba de relojería en su cerebro y ahora se activa...

Rebus se puso en pie.

—Sabe que todo eso no es verdad —dijo con calma.

—Demuéstremelo.

—No creo que haya necesidad.

Ancram le miró con desdén.

—Se tomarán muestras de saliva, sangre, huellas dactilares.

— ¿Para qué? Johnny Biblia no ha dejado pistas.

—Y quiero que un laboratorio forense examine sus ropas y que echen un vistazo a su piso. Si no ha hecho nada, no habrá incriminación. —Esperó una réplica que no llegó. Se abrió la puerta—. Ya era hora, cojones —exclamó.

Era Lumsden con una bandeja manchada de café vertido.

Descanso. Ancram y Grogan salieron a charlar al pasillo y Lumsden se quedó junto a la puerta con los brazos cruzados, como si estuviera de guardia, pensando si Rebus tendría energía suficiente para hacerle trizas.

Pero Rebus se contentó con seguir sentado tomándose lo que quedaba del café. Sabía fatal, así que seguramente era descafeinado. Encendió un cigarrillo y aspiró como si fuese el último de su vida. Lo sostuvo en posición vertical preguntándose cómo una cosa tan pequeña e insignificante había podido apoderarse de él hasta tal extremo... Al sostener el pitillo advirtió que le temblaban las manos.

—Lumsden, vaya cuento le has soltado a tu jefe. Tengo que aguantarme, pero no creas que lo voy a olvidar.

—Mira cómo tiemblo —replicó Lumsden clavando los ojos en él.

Rebus le sostuvo la mirada sin dejar de fumar y en silencio. Ancram y Grogan volvieron a entrar muy serios.

—John —dijo Ancram—, el inspector jefe Grogan y yo hemos decidido que es mejor llevar este caso desde Edimburgo.

Lo que significaba que no tenían ninguna prueba contra él, porque de haber existido el menor indicio, Grogan habría querido apuntarse el tanto.