Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
— ¿Y no se lo dijo a nadie? ¿Sabe lo que parece?
—Otra mancha negra. Tengo tantas que yo mismo parezco negro.
Ancram se levantó con la intención de pasear de arriba abajo, pero el cuarto no daba para tanto.
—Eso está mal —dijo.
— ¿Por qué va a estar mal la verdad?
Pero sabía que Ancram tenía razón. No quería estar de acuerdo con él en nada —eso equivalía a caer en la trampa del interrogador: identificarse con él—, pero en ese punto no podía por menos de hacerlo. Estaba mal. Su vida era como la de una canción de los Kinks: Dead End Street [ 16 ].
—Está con el agua al cuello, amigo —comentó Ancram.
—Gracias por recordármelo.
Grogan encendió un cigarrillo y ofreció otro a Rebus, que lo rehusó con una sonrisa. Tenía los suyos si quería fumar.
Y quería fumar, pero aún no. De momento se rascó la palma de las manos, clavándose las uñas para estimularse. En el cuarto se hizo el silencio durante un minuto. Ancram se apoyó en la mesa recostado en la silla.
—Joder, ese café, ¿lo están sembrando?
Grogan se encogió de hombros.
—Es el cambio de turno y la cantina estará llena.
—Es que en los tiempos que corren el servicio está fatal —dijo Rebus.
Ancram, con la cabeza gacha, sonrió y le miró de soslayo.
«Ahora empieza el truco de la simpatía», se dijo él. Y quizás Ancram le leyó el pensamiento porque cambió de táctica.
—Hablemos un poco más de John Biblia.
—Por mí que no quede.
—He comenzado a leer las notas del caso Spaven.
— ¿Ah, sí?
¿Habría sorprendido a Brian Holmes?
—Una lectura fascinante.
—Hubo dos editores interesados en su momento.
Esta vez no hubo sonrisa por parte del inquisidor.
—No sabía... que Lawson Geddes había trabajado en el caso John Biblia.
— ¿No?
—Ni que le prohibieran seguir investigando. ¿Tiene usted idea de por qué?
Rebus no contestó. Ancram detectó su indecisión, se levantó y se inclinó sobre él.
— ¿No lo sabía?
—Sabía que había trabajado en el caso.
—Pero no sabía que le prohibieron continuar. No, porque él no se lo dijo. He encontrado esa perla en los archivos sobre John Biblia. Pero no se menciona por qué.
— ¿Acaso eso nos conduce a alguna parte?
— ¿No le habló él del caso John Biblia?
—Puede que en alguna ocasión. Hablaba mucho de casos antiguos.
—Estoy seguro. Ustedes dos eran muy amigos. Y por lo que me han dicho, a Geddes le gustaba charlar más de la cuenta.
—Era un buen policía —espetó Rebus mirándole enfurecido.
— ¿Sí, eh?
—En serio.