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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Rebus siguió de pie. Boquiabierto y quitándose saliva de la barbilla. Miró a Lumsden, que seguía sentado, aunque tenso y dispuesto a saltar si llegaban a las manos. Pero no iba a darle esa satisfacción y se sentó.

Grogan lanzó un profundo suspiro. El poco aire que quedaba en el cuarto era ya irrespirable. Todavía no eran las siete y media.

— ¿Bovril y naranjas en el descanso? —dijo.

—Aún falta bastante —replicó Grogan.

Abrió la puerta y asomó la cabeza. A continuación, entró alguien.

El inspector jefe Chick Ancram en persona.

—Le he visto en las noticias, John. No es muy fotogénico que digamos. —Ancram se quitó la chaqueta y la puso con cuidado en el respaldo de una silla. Parecía dispuesto a disfrutar—. Si hubiera llevado puesto el casco a lo mejor no le habría reconocido.

Grogan se acercó a Lumsden, que seguía sentado como un luchador de relevo en espera de entrar al ring, mientras Ancram comenzaba a remangarse.

—La cosa está que arde, ¿eh, John?

—Abrasa —musitó Rebus. Ahora sabía por qué en Homicidios les gustaba detener temprano: ya estaba agotado. Y el agotamiento te juega malas pasadas y te hace cometer errores—. ¿Sería posible que me tomara un café?

Ancram miró a Grogan.

— ¿Y por qué no? ¿Tú qué dices, Ted?

—Sí que me tomaría una tacita. Ande, hijo —añadió volviéndose hacia Lumsden.

—Puto recadero —musitó Rebus sin poder contenerse.

Lumsden se puso en pie de un salto, pero Grogan alzó una mano conciliadora.

—Tranquilo, hijo; vaya a por los cafés.

—Sargento Lumsden —terció Ancram—, el del inspector Rebus que sea descafeinado. No queremos que se ponga nervioso.

—Si me pongo más nervioso me convierto en canguro. Lumsden, que sea descafeinado legal; nada de meados ni gargajos, ¿eh?

Lumsden salió sin decir nada.

—Bueno, bueno —canturreó Ancram mientras se sentaba frente a Rebus—. Sí que es difícil de cazar.

—No sé por qué se ha tomado tantas molestias.

—Creo que merece usted la pena, ¿no es así? Dígame algo sobre Johnny Biblia.

— ¿Qué, por ejemplo?

—Lo que sea. Sus métodos, sus antecedentes, su perfil.

—Podría llevarnos todo el día.

—Tenemos todo el día.

—Usted quizá, pero yo tengo que dejar libre la habitación antes de las once o facturan un día más.

—Su habitación ya está libre —dijo Grogan—. Tenemos sus cosas en mi despacho.

—No sirve como prueba, falta la orden de registro.