Back Black & Blue
Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

—Lo cual no importa mientras Bannock produzca, ¿no es eso?

—Exacto —dijo Eric—. Pero si no produce... los responsables de finanzas empiezan a ponerse nerviosos. El mes pasado perdimos dos días de trabajo por unos problemas con la calefacción. Vinieron y anduvieron con sus calculadoras por todas partes... —añadió, y se echó a reír.

No era en absoluto el peón clásico, el tipo duro, sino un hombre delgado de uno sesenta y cinco con gafas de montura metálica sobre una nariz aguileña y barbilla alargada. Rebus miró a los otros tipos que había en la cantina, tratando de asimilarlos al estereotipo de «grandullón» trabajador del petróleo con la cara manchada de crudo y bíceps tensos tratando de taponar un chorro de oro negro. Eric advirtió que se fijaba en los de la otra mesa.

—Esos tres trabajan en la sala de control. Actualmente casi todo se hace por ordenador: circuitos digitalizados y monitores... Soliciten ustedes que les den una vuelta: es como la NASA, y con tres o cuatro personas funciona todo. Están muy lejos los tiempos de Texas Tea.

—Hemos visto unos manifestantes en un barco —dijo Lumsden, echándose azúcar.

—Están zumbados. Estas aguas son peligrosas para un barco pequeño. Y se acercan demasiado; una ráfaga fuerte podría lanzarles contra la plataforma.

Rebus se volvió hacia Lumsden.

—Tú representas a la policía de Grampian. Podrías hacer algo.

Lumsden lanzó un bufido y se volvió hacia Eric.

—De momento no han hecho nada ilegal, ¿verdad?

—Lo único que están infringiendo son las reglas tácitas de la navegación. Cuando acaben el té querrán ver a Willie Ford, ¿no es eso?

—Así es —dijo Rebus.

—Le dije que nos veríamos en el salón recreativo.

—Quisiera ir también a la habitación de Alian Mitchison.

Eric asintió.

—La misma de Willie. Son habitaciones de dos literas.

— ¿Y sabe usted lo que piensa hacer T—Bird Oil con la plataforma cuando deje de funcionar? —preguntó Rebus.

—A lo mejor acaban hundiéndola.

— ¿Después de todo el jaleo con Brent Spar?

Eric se encogió de hombros.

—Los de finanzas están a favor de ello. No necesitan más que dos cosas: que el Gobierno lo apruebe y una buena campaña de relaciones públicas. Y ésta ya va muy avanzada.

— ¿A las órdenes de Hay den Fletcher? —aventuró Rebus.

—Exacto —contestó Eric, cogiendo su casco—. ¿Han acabado?

—Cuando quiera —dijo Rebus, dando el último sorbo.

Fuera hacía ahora viento «tempestuoso», según expresión de Eric. Rebus avanzaba agarrado a la barandilla y vio que había trabajadores asomados en la plataforma, encuadrados por una cortina de espuma. Se acercó al grupo y vio que el barco de seguridad lanzaba chorros de agua sobre el barco de los manifestantes.