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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Rebus miró por encima del hombro de Lumsden y vio que se aproximaban a una plataforma. El punto culminante era una chimenea pero estaba apagada. Claro que Bannock estaba en las últimas y no quedaba mucho gas ni crudo. Al lado de la chimenea había un tubo, mezcla de chimenea industrial y cohete espacial, pintado de rojo con rayas blancas, como la antorcha. Debía de ser el pozo de perforación. Rebus leyó en el faldón de la plataforma T—Bird Oil, bloque número 211/7. En el borde de la plataforma se alzaban tres enormes grúas y una parte de la misma servía de helipuerto, pintada de verde con un círculo amarillo rodeando la letra H. Pensó que una simple ráfaga podía llevárselos. Y había una distancia de más de treinta metros. Del faldón colgaban botes salvavidas y en otra destacaban unos barracones blancos prefabricados parecidos a enormes contenedores. A un costado de la estructura había un barco de apoyo y seguridad amarrado.

—Vaya —dijo el piloto—, ¿qué es eso?

Acababa de avistar otro barco que navegaba en círculo alrededor de la plataforma a una distancia de casi media milla.

—Manifestantes —añadió—. Idiotas.

Lumsden miró por la ventanilla y señaló hacia abajo. Rebus lo veía ahora: era una embarcación alargada pintada de color naranja con las velas recogidas. Le pareció que estaba peligrosamente cerca del barco de seguridad.

—Se van a matar —comentó Lumsden—. ¡Que revienten!

—Vivan los polis con objetividad.

El aparato hizo un giro muy cerrado sobre el mar antes de enfilar hacia el helipuerto. Rebus rogaba al cielo en medio de un espantoso bamboleo a tan sólo unos veinte metros de la pista. Veía alternativamente el área de la H, el mar picado y otra vez la pista. Y de pronto aterrizaron en lo que parecía una especie de red de pesca que cubría la H mayúscula blanca. Nada más abrirse las puertas se quitó los audífonos de protección. Lo último que oyó fue: «Agachen la cabeza al salir».

Lo hizo. Dos hombres con mono color naranja, casco amarillo y protectores en los oídos les esperaban al pie del aparato y les entregaron sus respectivos cascos. A los ingenieros les encaminaron en una dirección y a Rebus y Lumsden en otra.

—Seguramente les apetecerá un té después del viajecito —dijo su guía, que advirtió que Rebus batallaba con su casco—. La correa es regulable —le dijo, mostrándole cómo hacerlo.

Rebus comentó que el viento era feroz y el hombre se echó a reír.

—Esto es calma chicha —le gritó para que pudiera oírle.