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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Caía, rodaba... Resbalaba por la pendiente del parque, sin poder parar, dejándose ir, golpeándose con matas y arbustos, rompiéndose la camisa. Le entraba tierra en la nariz y sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Al fin aterrizó en el césped recién cortado boca arriba y sin aliento, más furioso que dolorido. Oyó ruido entre los arbustos. Bajaban a por él. Consiguió ponerse de rodillas, pero le alcanzó un puntapié que le tumbó de bruces con los brazos abiertos. El pie agresor le presionó con fuerza la cabeza y se la inmovilizó, haciéndole chupar hierba y aplastándole la nariz. Ahora le agarraban los brazos por detrás tirando un poco hacia arriba: un dolor insoportable que no le impidió darse cuenta de que no le convenía moverse.

Debían de ser al menos dos hombres. Las calles con borrachos quedaban muy lejos y el tráfico era un zumbido distante. Notó algo frío contra la sien. Sabía lo que era: una pistola. Fría como el hielo.

Una voz le silbó al oído. Le golpeaba el pulso agitado y tuvo que hacer un esfuerzo para escucharla. Casi un susurro, difícil de reconocer.

—Es un aviso, así que espero que escuche.

No podía hablar. Tenía la boca llena de tierra.

Aguardó a oír el aviso pero no decían nada.

Un culatazo en el temporal, por encima del oído. Miles de estrellas y oscuridad.

Se despertó; aún era de noche. Se sentó y miró a su alrededor. No podía ni mover los ojos de dolor. Se tocó la cabeza... no tenía sangre. Le habían golpeado con algo romo. Para que se enterara. Y le habían dejado tirado allí mismo. Miró en los bolsillos y tenía el dinero, las llaves, el carnet de policía y todo lo demás. Sí, claro que no era un atraco. ¿No le habían dicho que se trataba de un aviso?

Intentó levantarse. Le dolía el costado. Se miró y vio que tenía una rozadura de haber rodado por la pendiente. También rasguños en la frente y había sangrado un poco por la nariz. Miró en el suelo a su alrededor, pero no habían dejado ningún rastro. No era una chapuza. De todos modos, procuró rastrear por donde ellos habían bajado por si se les había caído algo.

Nada. Se irguió sobre el muro y lo saltó. Un taxista le miró asqueado y apretó el acelerador. Un borracho, un vagabundo, un perdedor.

Pura escoria.

Cruzó cojeando hacia el hotel. La recepcionista iba ya a descolgar el teléfono para pedir ayuda, pero le reconoció antes de hacerlo.

— ¿Qué le ha sucedido?

—Me caí por una escalera.

— ¿Quiere que avise a un médico?

—Sólo la llave, por favor.

—Tenemos un botiquín.