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Chapters (45)
  1. Agradecimientos
  2. Capital desierta
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Susurro de lluvia
  8. Capítulo 5
  9. Capítulo 6
  10. Capítulo 7
  11. Capítulo 8
  12. Capítulo 9
  13. Capítulo 10
  14. Capítulo 11
  15. Ciudad granito
  16. Capítulo 12
  17. Capítulo 13
  18. Capítulo 14
  19. Capítulo 15
  20. Capítulo 16
  21. Capítulo 17
  22. Crudo muerto
  23. Capítulo 18
  24. Capítulo 19
  25. Capítulo 20
  26. El terror en sueños
  27. Capítulo 21
  28. Capítulo 22
  29. Capítulo 23
  30. Capítulo 24
  31. Capítulo 25
  32. Capítulo 26
  33. Capítulo 27
  34. Al norte del infierno
  35. Capítulo 28
  36. Capítulo 29
  37. Capítulo 30
  38. Capítulo 31
  39. Capítulo 32
  40. Capítulo 33
  41. Capítulo 34
  42. Capítulo 35
  43. Capítulo 36
  44. EPÍLOGO
  45. Notas

Petróleo: oro negro. Los derechos de prospección y explotación del mar del Norte estaban asignados desde hacía tiempo. Las compañías petrolíferas habían gastado mucho en los sondeos y había parcelas sin garantía de extracción de petróleo o gas. Llegaron barcos cargados de equipo científico y, mucho antes de plantar el primer pozo experimental, hubo que analizar y estudiar los datos. Había casos en que las bolsas estarían incluso a tres mil metros por debajo del lecho marino. La madre naturaleza no era pródiga con sus tesoros ocultos. Pero los saqueadores tenían mucha más pericia técnica y las profundidades de más de doscientos metros eran pan comido. De hecho, los últimos descubrimientos —petróleo atlántico a doscientos kilómetros al oeste de las Shetland— estaban a cuatrocientos o seiscientos metros.

Si la primera perforación daba buen resultado, valía la pena proceder a la extracción y levantar una plataforma con sus diversos módulos complementarios. En algunas zonas del mar del Norte el tiempo era tan imprevisible para racionalizar la carga de los petroleros que hubo que tender oleoductos: los de Brent y Ninian llevaban el crudo directamente a Sullon Voe, y otros conducían el gas a Aberdeenshire. A pesar de ello, el petróleo se resistía. Había campos en los que únicamente se podía extraer un cuarenta o un cincuenta por ciento de la reserva; pero se trataba de una reserva de un billón y medio de barriles.

Por otro lado, había que considerar la plataforma en sí, algunas eran de trescientos metros de alto, una infraestructura de cuarenta mil toneladas, que requería ochocientas toneladas de pintura más un peso adicional con módulos y equipo de otras treinta mil toneladas. Las cifras mareaban. Rebus trataba de retenerlas, pero al cabo de un rato optó por resignarse y rendirse a la admiración. El sólo había visto un pozo petrolífero con motivo de una visita a unos familiares en Methil. La calle de casitas prefabricadas desembocaba directamente en el almacén de materiales de construcción, junto al cual se erguía hacia el cielo aquella torre de acero, que ya desde kilómetro y medio le había parecido enorme. Lo recordaba ahora al mirar las relucientes fotografías del folleto sobre Bannock. Señalaba que la plataforma tenía mil quinientos kilómetros de cable eléctrico y albergaba a casi doscientos trabajadores. Sobre su base, una vez remolcada hasta el campo de extracción y anclada en él, se habían instalado una docena de módulos: cuanto era necesario para efectuar el proceso de separación y almacenamiento del crudo y el gas. La estructura estaba proyectada para resistir vientos de cien nudos y temporales con olas de más de treinta metros.

Esperaba que aquel día el mar estuviera en calma.