Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
—Nadie; ni el gorila. Y les pago para eso, para que recuerden las caras. Ya les dije a sus compañeros que a lo mejor la conoció después de que ella se marchará de aquí. ¿Cómo puede saberse?
Rebus se dirigió a la puerta y se detuvo.
— ¿Su socio no está?
— ¿Judd? No, hoy no está.
— ¿Tiene despacho?
—La puerta de al lado.
— ¿Puedo verlo?
—No tengo llave.
Rebus comenzó a abrir la puerta.
— ¿Él también usa móvil?
Había pillado a Stemmons desprevenido. El norteamericano tosió antes de contestar.
— ¿No me ha oído?
—Judd no tiene móvil. Detesta el teléfono.
— ¿Y qué hace si hay una emergencia? ¿Envía señales de humo?
Rebus sabía perfectamente lo que haría Judd Fuller: hablar desde un teléfono público.
Pensó que se había ganado una copa antes de retirarse, pero a mitad de camino de la barra se quedó helado. Una nueva pareja ocupaba uno de los compartimientos. Y conocía a los dos. Ella era la rubia del bar del hotel y el hombre que tenía a su lado, con los brazos estirados sobre el respaldo de los asientos, tendría veinte años menos que ella y llevaba una camisa abierta que dejaba ver muchas cadenas de oro. Seguramente habría visto a alguien vestido así en alguna película, o quizá participaba en el concurso de disfraces imitando al malo de los años setenta. Aquel rostro con verrugas era inconfundible.
Mad Malky Toal.
Stanley.
Y estableció la relación. No paraba de establecer relaciones. Se sintió mareado y encontró apoyo en el teléfono público. Descolgó y metió una moneda. Tenía el número en el bloc de notas. Comisaría de Partick. Preguntó por el inspector Jack Morton y esperó una eternidad. Echo más monedas y al final le dijeron que Morton se había marchado.
—Es urgente —dijo—. Soy el inspector John Rebus. ¿Tiene su número particular?
—Puedo hacer que él le llame —respondió la voz—. ¿Le parece, inspector?
¿Qué podía decir? Glasgow era el territorio de Ancram. Si daba su número podía llegar a oídos suyos y sabría dónde estaba... A la mierda; sólo iba a estar allí un día más. Recitó el número y colgó, dando gracias al cielo porque el pinchadiscos hubiera puesto algo lento: In a Broken Dream [ 12 ] de Python Lee Jackson.
De ésos tenía él de sobra.