Chapters (45)
- Agradecimientos
- Capital desierta
- Capítulo 1
- Capítulo 2
- Capítulo 3
- Capítulo 4
- Susurro de lluvia
- Capítulo 5
- Capítulo 6
- Capítulo 7
- Capítulo 8
- Capítulo 9
- Capítulo 10
- Capítulo 11
- Ciudad granito
- Capítulo 12
- Capítulo 13
- Capítulo 14
- Capítulo 15
- Capítulo 16
- Capítulo 17
- Crudo muerto
- Capítulo 18
- Capítulo 19
- Capítulo 20
- El terror en sueños
- Capítulo 21
- Capítulo 22
- Capítulo 23
- Capítulo 24
- Capítulo 25
- Capítulo 26
- Capítulo 27
- Al norte del infierno
- Capítulo 28
- Capítulo 29
- Capítulo 30
- Capítulo 31
- Capítulo 32
- Capítulo 33
- Capítulo 34
- Capítulo 35
- Capítulo 36
- EPÍLOGO
- Notas
Se sentó a la barra de espaldas a Stanley y la mujer. Pero los veía deformados en el espejo tras las luces cambiantes. Figuras en sombra, distantes, que se enroscaban y desenroscaban. Claro, Stanley estaba en Aberdeen, ¿habría matado a Tony El? ¿Por qué? Y lo que era más importante: ¿estaba en Burke's por casualidad?, ¿qué hacía con la rubia del hotel? Comenzaba a atar cabos. Estaba atento por si sonaba el teléfono, rogando que pusieran otro disco lento. Bowie, John, I'm Only Dancing [ 13 ]. Una guitarra serrando metal. Daba igual: el teléfono seguía mudo.
—Ahí va una que más vale olvidarla —dijo el pinchadiscos con voz cansina—, pero quiero veros bailarla porque si no tendré que ponerla otra vez.
Mouldy Oíd Dough [ 14 ] de Lieutenant Pigeon. Sonó el teléfono y Rebus se abalanzó sobre él.
—Diga.
—John, ¿no tienes demasiado alta la música?
—Estoy en una disco.
— ¿A tu edad? ¿Es ésa la emergencia? ¿Es para que te saque de ahí?
—No. Quiero que me describas a Eve.
— ¿Eve?
—La mujer de Joe Toal.
—Sólo la he visto en fotos —contestó Jack Morton, pensando—. Rubia teñida y unas facciones duras. Hace veinte o treinta años quizá fuese una Madonna, aunque tal vez exagero.
La compañera de Tío Joe, Eve, intentando ligarle en un hotel de Aberdeen. ¿Coincidencia? Poco probable. ¿Para sacarle información? Buena jugada. Y allí estaba Stanley; los dos tan acaramelados... Recordó lo que le había dicho ella: «Ventas. Productos para la industria del petróleo». Sí, ahora comprendía qué clase de productos...
—John...
—Dime, Jack.
—Tu número de teléfono ¿no es un prefijo de Aberdeen?
—Que quede entre nosotros. No se lo chives a Ancram.
—John, una pregunta...
— ¿Qué?
— ¿Eso que se oye no es Mouldy Old Dough?
Rebus colgó, pagó su copa y se fue. Había un coche aparcado enfrente. El conductor bajó el cristal de la ventanilla para que le viera. Era el inspector Ludovic Lumsden.
Rebus sonrió, le saludó con la mano y cruzó la calle mientras pensaba que no podía creerlo.
—Hola, Ludo —dijo con el tono natural de quien ha salido a tomar una copa y a bailar—. ¿Qué haces por aquí?
—No estabas en el hotel y pensé que habrías venido aquí.
—Acertaste.
—Me has mentido, John. Me hablaste de un librillo de fósforos del club Burke's.
—Sí.
—En Burke's no hacen librillos de fósforos.
—Oh.
— ¿Te llevo a algún sitio?
—El hotel queda a dos minutos.
—John —dijo Lumsden con una mirada glacial—, ¿te llevo a algún sitio?
—Pues claro, Ludo —contestó, dando la vuelta al coche y sentándose a su lado.
Fueron hacia el puerto y aparcaron en una calle solitaria. Lumsden paró el motor y se volvió hacia él.
— ¿Y bien?
— ¿Y bien, qué?